martes, 25 de marzo de 2003

Pregón Semana Santa Sierra de Yeguas 2.003



Pregón Semana Santa Sierra de Yeguas 2.003

Este pregón fue organizado y presentado por la Hermandad de Santísimo Entierro de Cristo y María Santísima de la Soledad, y el encargado de hacerlo fue un hermano cofrade de esta hermandad, D. Juan Sánchez Torres, en la Parroquia Inmaculada Concepción de nuestra localidad, el día 22 de Marzo de 2.003.


Antes de comenzar el pregón quisiera dar las gracias a mis hermanos y hermanas enterristas, por haber depositado en mí la responsabilidad de ser el pregonero, este año nos ha correspondido también la presentación del cartel de la Semana Santa y he de confesaros que aunque ha sido para mí un motivo de orgullo, también me provoco una cierta preocupación, porque si ya de por si cada uno tenemos nuestra propia forma de ver y de sentir los actos, palabras, gestos y símbolos que se agrupan y mezclan para dar lugar a esa manifestación que vivimos como La Semana Santa, cuanto más expresarlo e intentar que os llegue a todos vosotros y que durante unos instantes os haga sentir lo mismo que yo siento en esos días.

Hace escasos día llamé a Manolo para pedirle que fuera la persona que hiciera  los honores en la presentación, mostró entusiasmo, alegría y tras cruzar con él unas pocas palabras me prometió que hoy estaría aquí para entregarme el testigo, como veis ha cumplido su palabra y sólo puede decirle Gracias. Y no solo por tu presencia hoy aquí, y las palabras que nos has dirigido, si no por haber puesto también, tu grano de arena en la Semana Santa Serrana ¡Gracias Manolo!

PREGÓN

Hace más de 25 años que salí de Sierra de Yeguas para estudiar en Granada, aquel año cuando se acercaban las fechas para las vacaciones por Semana Santa todos estamos nerviosos por llegar a nuestro pueblo; solo hacia alimentarme esa espera con recuerdos de las impresiones que desde mi niñez tenia de la Semana Santa, todo comenzaba con el Domingo de Ramos, aquel acto era el preludio de algo grande que alteraría la vida del pueblo durante esa semana.

La mayoría de los niños pasábamos el  día en la plaza jugando y pendiente de lo que acontecía en la iglesia, la llegada de tronos, la colocación de las flores, y sobre todo pendientes de las conversaciones de nuestro mayores, sobre las bandas que llegarían, la cantidad de músicos e imaginando  que clase de raje traerían, si de colores o militar y siempre pensaba si vendría algún corneta solitario para atravesar con una canción el corazón de todos los que escuchábamos atentos y sorprendidos.

Llegaba la Semana Santa y todo el pueblo hervía en un ajetreo fuera de lo normal.

Pero cuando en verdad se palpaba la Semana Santa era el jueves por la tarde con el retumbar de los tambores por las calles del pueblo nos anunciaba lo que estaba a punto de ocurrir y comenzaban a verse por las calles los primeros penitentes del Cristo vestidos de negro con capas verdes y las primeras túnicas blancas de los hermanos de la humildad y nos poníamos nerviosos pensando en que no nos daría tiempo a estar vestidos para ver salir a los pasos y poder escuchar las bandas de cornetas y tambores. La noche trascurría entre las dos procesiones que eran una sola. Al día siguiente nos despertaba los tambores y las cornetas y nuestras madres nos tenían preparada la ropa que estrenaríamos la mañana del Viernes Santo. Como todos los niños una de las preocupaciones más importantes era el buscar un sitio bueno en el encuentro, lo más cerca posible de los pasos donde se escuchara con fuerza las voces de capataces, hermanos mayores y costaleros. Apenas había acabado la procesión me quedaba tiempo para vestirme y salir con la hermandad a la que pertenecía mi padre y mis dos abuelos y con la que yo, me sentía más identificado.
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Estos son los recuerdos que tenía de la Semana Santa siendo niño, pero hubo un año en que algo cambió, quizás el segundo o tercer año que pase en Granada, en aquella época conocí a un paisano nuestro y para más señas cura, se había criado con mi padre en la calle oliva y creo justo el recordarlo hoy, Antonio Mora, un jesuita hasta la medula, estuvimos hablando muchas horas del mensaje, la muerte y pasión de Cristo.

Cristo se enfrentó a todos los poderosos de su época, su mensaje fue aclamado por todo el pueblo, sus palabras y sus obras movían multitudes, y esto, le dio ante el pueblo un momento de gloría por eso es recibido en Jerusalén y aclamado por todos, además entra como predecían las escrituras que entraría el Mesías, sobre un pollino, y este momento de gloria y jubilo se han encargado de recogerlo y procesionarlo, nuestra joven hermandad de Jesús de la Pollinica es el ¡Domingo de Ramos!, ¡Jesús está aquí es el Mesías!, ¡el Salvador!.

Pero el poder religioso y el poder político, no perdonan y buscará todos los medios a su alcance para torturar y matar al hijo de Dios. Estos últimos momentos, y quizás los de mayor intensidad, son los que año tras año recordamos en la Semana Santa y Sierra de Yeguas con mayor intensidad el Jueves y Viernes Santos. 

Uno de los momentos más dolorosos de Jesús es cuando es traicionado y negado por aquellos con los que durante muchos años había compartido el pan y el vino, es llevado preso y lo despojan de sus vestiduras, los guardias se ensañan a latigazos y para continuar el castigo le colocan una corona de espinas y estos momentos de soledad y amargura son los que vemos reflejados en el paso de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y en esa imagen que representa a Jesús entregado a un pensamiento de penas y de una inmensa soledad. Por eso nuestros hermanos de la humildad se encargaran de acompañarlo, de arroparlo, de decirle durante la procesión que están con él, que no se sienta sólo, los hermanos de la humildad no pueden poner palio para protegerlo, no pueden evitar su sufrimiento, y en un intento por calmar su dolor cubrirán sus pies de flores para procesionarlo por las calles de Sierra de Yeguas.

Jesús es sentenciado a muerte, a muerte por crucifixión, lleva el cuerpo lleno de latigazos, la cabeza lacerada por las espinas, muchas horas sin beber ni comer y sobre sus hombros van a cargar la cruz que será su patíbulo, la subida al calvario será una agonía lenta, todos los que conocemos ahorra esta historia sentimos al recordarla rabia e impotencia, cuanto más los hermanos jesuitas, que lo llevan sobre sus hombros y cada vez que el capataz toca la campana para un alto y miran hacia arriba para ver en su imagen el rostro de Jesús lleno de sufrimiento y quebranto. No pueden ahogar en su garganta esa pena y arrancan con una saeta de dolor y pasión o con un grito de “viva nuestro padre Jesús”. Vosotros jesuitas habéis elegido llevar al rey de los cielos en su último camino como hombre entre los hombres y quizás hubierais dado lo que fuera por haber sido Simón de Cirene para haber descargado de la Cruz a Jesús el Nazareno.

Aquellos momentos, cuando Jesús subía al Gólgota, entre los testigos había muchos que conocen al maestro y lloran su pena, pero nadie como María, su madre, el dolor que está sintiendo ahoga su corazón, lo atraviesa y lo desgarra, sin embargo María no se separará en ningún momento de su hijo, no podrá tocarlo, la agonía de Él será la suya y cada gota de sangre que Cristo derrame desangrará el corazón de su Madre.

Los hermanos dolorosos son conscientes de ese sufrimiento, saben muy bien la pena que ahoga el alma de María, la alzarán y llevaran cerca de su hijo, intentarán en un vano esfuerzo de evitar ese padecimiento, no podrán enjugar las lágrimas que caen por su rostro y en premio a ese esfuerzo los hermanos de María Santísima de los Dolores serán testigos de ese momento desgarrador, del encuentro de la Madre con su hijo.

La sentencia se ha cumplido, Jesús ha sido clavado en la Cruz, la muerte lo rodea para arrancarle el último aliento, apenas le llega el aire a sus pulmones, la tortura de la cruz es asfixiante y cualquier palabra o gesto es un acto que requiere un enorme esfuerzo, un dolor lento va mordiendo como una tenaza cada uno de los músculos de su cuerpo y la vida se le va escapando gota a gota, Jesús se muere y hasta el último momento a sus pies estará María, ella nunca perderá la esperanza, su razón de vivir es el hombre que agoniza en la cruz, su hijo, y este instante es la razón por la que los hermanos del Cristo de la Vera Cruz y María Santísima de la Esperanza año tras año y generación taras generación en una noche gris y pálida procesionan por las calles de Sierra de Yeguas a Cristo rey de los judíos y a María de la Esperanza, en un vano intento de calmar su agonía y de descargar a su Madre de la angustia que oprime su corazón.

Y lo bajó de la Cruz, lo envolvía en una sábana y lo pusieron en un sepulcro, ¡Cristo ha muerto! ¡Ha muerto por todos nosotros! Y nada podemos hacer sino llorar su muerte y velar su cuerpo. Esa noche oscura saldrá su cuerpo hacia el sepulcro y en María su madre solo cabe una palabra “soledad” todo lo que en este mundo le importaba ha muerto, pero María no está sola, es a nosotros hermanos del Santo Entierro de Cristo a los que nos corresponde llevar el cuerpo yacente del Salvador sobre nuestros hombros, y es a nosotros enterristas, a los que nos toca acompañar a su madre en esa noche de duelo para que no se sienta sola, para calmar su dolor y para que sepa cómo nos decía su hijo “la muerte no es el final”.

Por esta razón, año tras año Sierra de Yeguas cada primavera revive la pasión y al muerte de Cristo, pero estos hechos de dolor y muerte son también un compromiso de vida, de nuestras vidas. Y quiero volver al principio para deciros unas palabras de Antonio Mora aquel jesuita del que os hable cuando hace ya más de veinte años me decía “niño, ahora que conoces el evangelio no dejes que caiga en un pozo sin fondo, intenta vivirlo día a día que su padecimiento y muerte no hayan sido en vano”.

Hermandades, cofradías, hermanos mayores, junta de gobierno y cofrades. Serranos y serranas ¡estamos en Semana Santa!

Muchas Gracias.


lunes, 25 de febrero de 2002

Pregón Semana Santa Sierra de Yeguas 2.002



Pregón Semana Santa Sierra de Yeguas 2.002

Este pregón fue organizado y presentado por la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Bondad a su Entrada Triunfal en Jerusalén, y el encargado de hacerlo fue un hermano cofrade de esta hermandad, D. Manuel Martínez Gutiérrez, en la Parroquia Inmaculada Concepción de nuestra localidad, el día 23 de Febrero de 2.002.

Pregón de la Semana Santa Serrana. Reverendo, queridos amigos, excelentísimas autoridades locales, entusiastas hermanos de las distintas cofradías, señoras y señores; ante todos, brevemente, quiero exponer y exaltar la grandeza de la Semana Santa Serrana.

Preámbulo
Para vosotros, amigos, mis primeras palabras. Ha pasado ya algún tiempo desde que perdí el contacto vivo con la vida de éste pueblo. Sólo unas breves visitas han podido llenar este inevitable distanciamiento. Permitidme, no obstante, hoy, un íntimo y muy directo acercamiento a vosotros.
Para quien no me conozca:
Nací en Málaga, justo al lado del Santuario de la Virgen de la Victoria, un día de San Valentín del año 46. No tengo ascendiente alguno en Sierra de Yeguas. Ni siquiera, a pesar de lo que se ha dicho tantas veces, el prácticamente D. Antonio Gallego muy vinculado a este pueblo por sus buenas obras, era mi abuelo sino de mi esposa.
Vinimos a Sierra de Yeguas de las manos del Abuelo Antonio y de Miguel González, hijo del Capitán, después de recibir el acta de las graves operaciones que le practicaron en Málaga. Desde entonces, la tranquilidad de esta tierra, la hospitalidad y el encanto de sus gentes, nos embriagaron tanto a mi como a mi esposa que adquirimos una asa, como ya todos sabéis, en la calle Padre Granel, donde han crecido nuestros cuatro hijos, por descontado, hermanos fundadores de la Hermandad del Cristo de la Bondad.
Vuelvo a vosotros para, sencillamente, ocupar el puesto que siempre tuve; el de un auténtico serrano de adopción, enamorado como el que más de esta tierra singular. Igual que siempre, si, pues habéis de saber, que en este tiempo, no he dejado de pensar en tanta vivencia y tanta vida como he dejado aquí. Y es que el que no lo haya sufrido, no podrá saber nunca de la hondura de esta ausencia que tan bien manifiesta en este cantar popular.


Nunca supe lo mucho
Que la quiera
Hasta que dio la hora
De la partida
Porque se ignora
El valor de los bienes
Mientras se gozan.

Que alegre, pues, me encuentro de nuevo entre vosotros y cómo os agradeceré siempre la invitación que me hizo Dª María Teresa García, Hermana Mayor de la Hermandad del Cristo de la Bondad. Una sola sombra de tristeza empaña mi alma en estos instantes, la no presencia de algunos hermanos a los que me vinculaba una entrañable amistad. Por citar algunos; Pepe  Montenegro, hermano de las Dolores, Antonio Ruz Martin, hermano de Jesús, ambos estrecho colaboradores de la Hermandad del Cristo de la Bondad, Domingo Pérez Sánchez, hermano de Jesús; Pepe Torres Solero, hermano de las Dolores; Antonio y Fernando Benítez, ambos, hermanos del Santo Entierro entre otros. También mí querido padre quien, en los momentos difíciles me alentaba en mis deberes de Hermano Mayor de la Hermandad. Quiera el Señor, por su Bondad, concederles, si como espero los tienes entre sus elegidos, ver el devoto recuerdo cofrade que les ofrecemos.
Cumplidos tan elementales deberes de recuerdos y sentida cortesía, llevemos a cabo la misión que con tanta benevolencia y dignidad me habéis encomendado.
Significado del Pregón
He de dirigir un Pregón sobre la Semana Santa de Sierra de Yeguas.  Es decir, he de publicar en voz alta esa esencia secular que se esconde en el alma de todos. Mi voz se ha de alzar, pues, como clarín convocador que prepare la mente y los corazones divulgando a los cuatro vientos el dolorido sentir de Sierra de Yegua en los días ya bien cercanos de su Semana Santa. Lástima que tan noble empresa no cuente este año con mejor pregonero.

Contenido
Si todo pregón, ha de ser una síntesis audaz de loa más hondo de nuestro sentir en estas fechas, para que ello sea recordado por unos y adivinados por otros, ¿Qué contenido he de dar yo a mi pregón? Solo he de afirmar a este respecto que puesto que el Pregón debe de ser de la Semana Santa de Sierra de Yeguas a ella sola consagraré mis torpes palabras sin salirme d este tema tan querido, deseando que la nobleza sagrada de la materia y mi buena intención, en autentico acto de servicio, salven la pobreza de mi oración.

Nacimiento de una Hermandad
Título del Pregonero
Es muy difícil, casi imposible diría yo, acercarse desde una perspectiva literaria a la Semana Santa Serrana. Son tantas las facetas que se nos presenta, (múltiples planos, vértices, aristas y caras de su poliédrico semblante) que es difícil reducir a unidad lo que por sutil y delicado se escapa a todo comentario.
Dispuesto, no obstante a encerrar en flexible armadura el contenido de mi pregón cofradiero, si hui era que ponerle título, sin duda éste sería: PREGON SOBRE EL NACIMIENTO DE UNA HERMANDAD.

Meditación
Desde que vi por primera vez la Semana Santa Serrana noté que algo le faltaba, algo que la completara. Pero no fue hasta el siguiente año, paseando por la Plaza un Domingo de Ramos, observando a los niños que jugaban y compraban chucherías en el quiosco de Tolico cuando pensé.
¡Que distinto éste Domingo de Ramos al de mi niñez! Con zapatos nuevos cada año me dirigía a la calle Larios para vivir, casi ensimismado, la Procesión de la Pollinica Malagueña. En mi memoria, se dibuja con tanta claridad la cruz de guía, los penitentes con sus palmas, bastones, estandartes, la banda de cornetas y tambores, el cura, los monaguillos envueltos en incienso y, sobre todo, el soberbio trono donde se alzaba majestuoso Jesucristo montado en la pollinica y ese sonido a campana que mandaba cuando el trono debía parar o andar.
Entonces fue cuando me aseguré de que lo que completaría la Semana Santa Serrana sería un Domingo de Ramos y qué mejor que con una Pollinica, puesto que también los niños serranos tenían derecho a esa ilusión como los tienen los de otras ciudades.

Propuesta y hallazgo
Por aquel entonces, en casa de Pepe Rubillo nos reuníamos unos cuantos amigos, El niño Mariano, Juan José, Francisco Torres, Pepito, Ignacio entre otros, amantes de todas las tradiciones populares de nuestro pueblo.
Nuestra conversación merodeaba siempre el mapa de nuestras tradiciones más entrañables. Cierto día comenté que por qué no formábamos la Hermandad de la Pollinica. Desde entonces, ello se constituyó en el proyecto más acuciante.
Hasta que un buen día el amigo Pepe Fernández, que venía de Sevilla, nos dijo que había una pollinica en Alcalá de Guadaira y que la hermandad propietaria nos la podría ceder para procesianarla en Sierra de Yeguas. Nos advirtió, que le habida dicho, que estaba en muy mal estado por el incendio que había sufrido, y que posiblemente no aguantaría el traslado.

Primer viaje a Alcalá
Toma de Contacto.
Se estudió la propuesta y, a la semana siguiente, estábamos citado Pepe Fernández y yo en Alcalá de Guadaira con él objeto de entrevistarnos con miembros de la Junta Gobierno de la Hermandad y conocer así el estado en que se encontraba el Cristo.
Tuvimos una acogida de lo más cordial por parte de la Junta de Gobierno que nos explicó todos los pormenores sobre la Imagen y su accidente.
Posteriormente, nos llevaron a un almacén donde se guardaba el Cristo de la Bondad. Por una simple inspección ocular, observamos el estado lamentable en que se encontraba la Imagen. Parte de la cabeza, la espalda, el manto y partes trasera superior del pollino totalmente calcinados. Este, casi no se sostenía en píe; tenia algunas patas rotas. Para mí fue una desagradable y desilusionante visión.
No obstante, estuve detalladamente inspeccionando los desperfectos, mientras Pepe hablaba con los miembros de la hermandad y, pasado un buen rato, le llamé y le dije: “Pepe, la borriquita nos la llevamos para Sierra de Yeguas. Vamos a pedirle a la Junta que comuniquen al Cabildo de su Hermandad nuestra petición y el compromiso de procesionar la imagen este año en Sierra de Yeguas. Si la respuesta es afirmativa cuanto antes nos la llevamos” y así fue.

Traslado de la Imagen a Sierra de Yeguas
Unas semanas más tarde, después del trabajo, un frio día de invierno, en una furgoneta, salíamos de Málaga, mi cuñado Paco Santana y yo con destino a Alcalá de Guadaira para recoger la imagen del Cristo.
Llegamos al destino ya entrada la noche. Nos esperaban varis miembros de la Hermandad que nos recibieron con una cordialidad y agrado difícil de olvidar. Hablamos sobre los documentos de la imagen y asuntos de hermandad. Después se cargó la Imagen y nos despedimos de todos con sumo agrado.
Pusimos rumbo hacia Sierra de Yeguas. La noche era muy fría. El coche tenía la calefacción estropeada y, para colmo, la capa presentaba fisuras por donde entraba un helor que nos obligó a detenernos varias veces. Llegamos de madrugada a Sierra de yeguas. Aquí nos esperaban en su casa Pepe Arias y su esposa Mari Luz Álvarez que nos cedieron un almacén donde guardad y restaurar la imagen.

La Restauración
Durante más de dos meses, día a día, estuve restaurando el Cristo, con la valiosa colaboración de Niño Mariana que reforzó la peana y las patas del asno.
También construyó la Cruz gua a partir de unos diseños que yo elaboré.
Pepe Fernández y su esposa Auxiliadoras Álvarez, esperaban ansiosos los fines de semana en Sevilla para echar una mano en la restauración; fue su colaboración sin duda, muy valiosa.
Se iniciaron los trabajos con la limpieza y retirada de todo el material calcinado de la imagen que, una vez analizado su estado, se rellenó con material adecuado para su posterior impermeabilización y policromado con pan de oro.
Todos estos trabajos se realizaron con un escrupuloso y riguroso criterio a fin de restablecer el estado original de la imagen antes del incendio.

Constitución de la Hermandad
En el poco tiempo que nos dejaba la restauración, Pepe Fernández, Antonio Mariano y yo invitamos a todas las hermandades del pueblo a una reunión.
Se celebró en la planta alta del bar de Frasquito Juan Ramón. En ella expusimos la intención de crear una hermandad para procesionar los Domingos de Ramos al Santísimo Cristo de la Bondad en su Entrada Triunfal en Jerusalén, el cual estábamos restaurando a tal efecto.
El señor párroco y las hermandades se mostraron muy animados con la idea y nos facilitaron sus ayudas para que esto se llevara a cabo.
Posteriormente, se eligió la Junta de Gobierno de la Hermandad en la que los cargos quedaron de la siguiente forma: Director Espiritual, el señor Párroco, Hermano Mayor, D. Manuel Martínez, Teniente Hno. Mayor, D. José Fernández. Los demás cargos recayeron entre miembros de las juntas de gobierno de las demás hermandades.
Nuestras esposas, junto a las demás mujeres, organizaron todo lo correspondiente a túnicas, capirotes, estandarte, etc..

Traslado de la Imagen a la Iglesia.
Terminado la restauración de la Imagen, los preparativos de la organización de la Hermandad y la adaptación de la Capilla, se cursaron invitaciones a las autoridades locales, Juntas de Gobiernos de la demás Hermandades, Junta de Gobierno dela Hermandad de Alcalá de Guadaira y se invitó al pueblo en general.
El traslado del Santísimo Cristo de la Bondad se realizó en una sanda portada por improvisados hombres de trono que se dirigió desde la puerta de la cochera de Pepe Arias, en la calle Iglesia, hacia la plaza de la Andalucía, entrando a la iglesia de la Concepción por la puerta más cercana a la vivienda del señor cura. Para ser depositado, en la capilla de Nuestro Padre Jesús, hasta su salida triunfal del Domingo de Ramos.
Quiero aclarar que la única capilla que entonces quedaba libre en la iglesia era la que hoy ocupa el Cristo de la Bondad. No obstante, a pesar del conocido interés mostrado por la Hermandad de Jesús por ocupar el lugar asignado para nosotros por el párroco D. Enrique, debido a su antigüedad y al respeto que nos impone esta hermandad, les ofrecimos la posibilidad de cambiarse de sitio, coas que provisionalmente aceptaron hasta tanto consultaban con todos los hermanos el nuevo sitio que posteriormente desestimaron. Ubicándose las distintas imágenes en los lugares que actualmente se encuentran.

Primera Salida del Templo.
Escuchamos el chirrido del cerrojo de la gran puerta de madera del lateral de la Iglesia. Estábamos nerviosos pero seguros por la confianza del deber cumplido seguros de que no podíamos fallar: Era el Domingo de Ramos de 1.985.
Por primera vez, se escuchó el toque de atención de la gran campana anunciando a los hombres de trono que los próximos toques serian la Primera Levantada del Trono del Santísimo Cristo de la bondad. Sonó y el Cristo llego a los cielos, y el trono mandado por la campana marinara y a los sonidos del Himno Nacional, surcó la puerta dispuesto a navegar, como si de un buque se tratara, por las calles serranas.

Mecedlo, por Dios, mecedlo,
y páralo en este rincón,
dejame que yo le pía,
su Gracia y su bendición,
que estoy solito en la vía.

Agradecimiento
He basado mi Pregón en un ligero resumen del nacimiento de mi Hermandad que, por mis vivencias, quizás soy de los pocos que pueden contarlo hoy, con mayor veracidad y exactitud por las distitnas vicisitudes que ha atravesado la misma.
Desde hace algún tiempo he tenido muchas ganas de explicar al pueblo el cómo, cuándo, y por qué de esta Hermandad y ahsta ahora no he tenido ocasión de poderlo hacer.  Por eso, agradezco a todos  vosotros el haberme brindado ésta oportunidad.
No obstante no quiero terminar sin un recuerdo a las demás hermandades serranas.

De los Serranos.
El alma del pueblo se manifiesta singularmente en sus fiestas. La Semana Santa, fiesta barroca y andaluza pro excelencia, convierte a Sierra de Yeguas en un gran escenario en que todo un pueblo rememora los momentos de la Pasión. Entre la luz de la cera, los destellos del oro y la plata y el perfume del incienso, los tronos procesionales, verdaderos retablos que caminan, constituyen un espectáculo difícil de olvidad.
Puede que nuestra Semana Santa no sea tan famosa como la de Sevilla, ni tampoco tan grande como la de Málaga, ni tan mística como las de Valladolid o Soria, pero si podemos decir que una de las que tiene más participación popular y cofrade es la nuestra, nuestra Semana Santa Serrana.
El serrano, por coincidir con sus creencias y afectos, se entrega de lleno con alma y vida a su hermandad, que constituye en él una segunda naturaleza. Esto parece olvidarlo los que sólo ven en la Semana Santa Serrana un motivo de jaraneria y diversión. Que saben ellos de la honda emoción de unos padres que, apenas nacido el hijo, junto a las aguas bautismales, lo inscriben en la hermandad que le acompañará desde entonces hasta más allá de la muerte por los sufragios de sus hermanos o sus cofrades.
Cómo también ignorar el hondo placer que experimenta cuando apenas sabe andar el pequeñuelo y ya lo visten triunfalmente de “nazarenito”, pues saben que a Jesús no puede disgustarle verse rodeados de sus preferidos en la hora decisiva del dolor. A veces el pequeño sucumbirá en su auténtica estacón de penitencia, aunque no le faltará a él como al Maestro, el cirineo paternal o maternal que seguirá portando bien en alto, con santo orgullo, el hijo vestido con el hábito nazareno.

De las Hermandades.
La primera Hermandad del año que saluda a todos los serranos es la del Santísimo Cristo de la Bondad, que si no es por su valor en talla o imaginería, si posee una gran belleza que encariñan a todos nuestros niños.

Toito el mundo ha pregonao,
que eres tú el más bonito,
el del color bronceao,
gitano, puro y bendito
por tós los cuatro costaos.

Que decir de Antonio Castillo Lastrucci, al que sólo un Ángel del Señor pudo inspirar en 1.942 la figura del Santísimo Cristo de la Humildad, plena de dolor contenido en la resignada expresión del noble rostro de Jesús apoyado por esa divina mano.
En 1.938 tallaba Castillo Lastrucci, esa impresionante imagen del Santísimo Cristo de la VeraCruz. ¡Ay si le fuera dado a tan genial autor contemplarla hoy en cualquiera de esos momentos cumbres de la madrugada del Jueves Santo! en que hace estación acompañado de su Madre que tallara el mismo imaginero, ¿Qué pueblo del mundo, más que el serrano, ha sabido consolar mejor la tristeza y amarguras de María Santísima de la Esperanza, derrotada en su dolor pero paseando triunfalmente como Reina?
La figura que imaginó y realizo el colosal imaginero Navas Parejo en el año 1.940 de Nuestro Padre Jesús Nazareno que sube cansinamente el Calvario de la redención, su paso es corto y angustioso; sus manos se abrazan con ansiedad a la pesada Cruz que sobre su débil hombros gravita; la espalda, cintura y pierna se derrumban frágilmente por un peso superior a sus fuerzas. Más no importa, caerá quizás bajo el pesado madero, pero se levantará hasta consumar el sacrificio, su cara revela que rematará la obra, que llegará hasta el fin; ello solo evidencia que es Dios.
Y no digamos nada de la salida de Nuestra Señora de los Dolores cuando la Señora se asoma para recibir los primeros besos de un Sol primaveral y muestras más fervientes de la devoción serrana. Tan difícil como contener en la playa a una multitud apiñada, era sacar el trono de la Virgen a través de la angosta puerta; más nunca dudaremos del milagro ya que si el mayordomo de trono no hubiera sido capaz de realizarlo, seguramente que los ángeles del cielo, conmovidos, hieran hecho transponer la puerta al trono de la Madre de Cristo para que contemplara el radiante júbilo delos serranos al saludar a su Virgen. Las magistrales gubias valencianas tallaron la Imagen de la Virgen de los Dolores en el año 1.941.
Contémplese de cerca la divina imagen de María Santísima de la Soledad. Su rostro, que no puede ser más hermoso, lo vio seguramente Antonio Castillo Lastrucci en 1.942, en algún transporte místico. Qué pureza de línea, qué serenidad de facciones qué belleza sobre humana, qué amable mansedumbre, qué gozoso sufrir, permítame la expresión paradójica, que gozoso sufrir.
¡Pero hay otros momentos! Esa entrada de la Hermandad del Santo Entierro de Cristo en la Iglesia; la belleza singular de la Imagen que en 1.942 tallara Castillo Lastrucci del Cristo Yacente, se acrecienta e impulsa a quien lo admira en tal momento a pedir a la Virgen de la Soledad, que detenga el curso de los astros y mantenga, no el Sol para la batalla, sino la Luna que asoma curiosa tras los muros exteriores de la Iglesia y que, en trance de ser pronto, quisieran los asistentes que cubriera eternamente con su manto de luz y plata aquel lugar donde finaliza cada año la augusta majestad religiosa y estética de las procesiones de la Semana Santa Serrana.

He llegado al final de mi Pregón. Durante él, he querido trasmitir, a los presentes y ausentes, el conocimiento de una gran verdad; la grandeza de la Semana Santa Serrana.
Me doy por satisfecho, si todos habéis descubierto el cariño puesto por mí en esta breve y humilde exposición.
Muchas Gracias.


martes, 10 de abril de 2001

Pregón Semana Santa Sierra de Yeguas 2.001



Pregón Semana Santa Sierra de Yeguas 2.001


Este pregón fue organizado y presentado por la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, y el encargado de hacerlo fue un hermano cofrade de esta hermandad, D. José María Mancheño Luna, en la Parroquia Inmaculada Concepción de nuestra localidad, el día 7 de Abril de 2.001.

En este caso tenemos la presentación realizada por D. Juan José Oliva Borrego, pregonero de la Semana Santa del año 2.000, donde versa lo siguiente:

Muy buenas noches, agradecer a los representantes de nuestro Ayuntamiento y a todos los representantes de las diversas Hermandades de nuestra localidad, así como al pueblo y amigos todos en general, la deferencia mostrada asistiendo a este primer acto oficial de la Semana Santa 2.001.
Como ya sabréis todos, la pronunciación del Pregón Oficial de la Semana Santa de este año corresponde a la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno. A petición de esta Hermandad, a la que agradezco la consideración tenida con mi persona, intervengo en el acto de este pregón oficial en calidad de presentador del mismo y también al objeto de presentar al pregonero.
En mi modesta opinión, el Pregón Oficial de la Semana Santa debe ser un ejercicio de exaltación de esta semana mayor, de esta semana grande, de esta semana de arte, cultura y fiesta. Pero además, creo que debe ser exaltación de la vida, pasión y muerte de Jesucristo en la cruz, debe ser, en suma, una parada ante la cara triste, trágica y amarga de un hombre que murió en la cruz por todos nosotros. Porque realmente este hecho es el que se rememora y celebra.
Este año es una persona joven quien oficia de pregonero y que pretenderá fundir esos dos sentimientos cofrades, dándonos su visión sobre la Semana Santa de nuestro pueblo.

La Cofradía de Jesús Nazareno ha confiado este año la pronunciación del Pregón Oficial a un joven cofrade de la misma: a José Mª Mancheño Luna.

Titulado universitario superior, jesuista por parte de padre, a pesar de su juventud, puedo decir que José Mª, se ha significado desde pequeño por su afecto hacia la Cofradía de Jesús Nazareno a la que pertenece desde muy pequeño, estando ligado también por razón de su madre, abuelo materno y esposa a la Hermandad del Santo Entierro. En su joven vida cofrade, ha estado muy ligado a la Semana Santa de Sierra de Yeguas y a su Hermandad, en la que, desde los 17 años y en diversos periodos, ha desempeñado varios cargos directivos, como son el de vocal, segundo secretario, y, este año concretamente, el de mayordomo o capataz de paso.
Y sin más por mi parte, cedo la palabra a nuestro pregonero.

A modo de preámbulo quisiera agradecer a Juan José Oliva las palabras que ha dedicado tanto a mi Hermandad como a mí mismo y aprovechar para felicitarlo en el día de su cumpleaños que me costa que es hoy; agradeceros también a todos vuestra asistencia y deciros que es un orgullo y motivo de gran satisfacción para la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y para mí mismo, la oportunidad que se nos brinda este año de pregonar oficialmente la Semana Santa de Sierra de Yeguas.

En días pasados, le comentaba a nuestro párroco que había dudado en aceptar este especial encargo pues entendía que quizá sería más idóneo que una persona mayor que yo, con más experiencia cofrade, elaborara el pregón, sin embargo, él me respondió que también era muy interesante e importante que un cofrade joven explicara y mostrara su opinión y visión sobre la Semana Santa. Y a ello me dispongo a contaros y relataros sobre nuestra Semana Santa.
Como desde casa siempre, las puertas de nuestra Iglesia se preparan para abrirse y dar lugar a la escenificación de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Por las calles de este pueblo, por donde diariamente transcurre nuestra vida, procesionaremos a los Titulares de nuestras Cofradías y rememoraremos y experimentaremos la pasión y muerte del hijo de Dios, aquel que representa el amor de Dios hacia todos nosotros.
Se abrirán esas puertas y ante nuestros ojos se mostrará Jesucristo humillado, encarnecido, flagelado, condenado a muerte y entregado a la Cruz, crucificado, muerto y resucitado. Por unas horas el misterio de su muerte y de nuestra fe se nos mostrará para recordar el triste y cruel peregrinar del hijo de dios por este mundo de los hombres.
Nuestras Cofradías recorrerán esas calles y con imágenes, luces, cornetas, trompetas, tambores y muy diversos signos caminarán y procesionarán con Cristo en su penitencia y todo nuestro pueblo caminará con ellas, acompañando al Mesías en su difícil camino. Jesucristo caminará y nosotros con Él, a hombros o a su lado, su cruz será nuestra cruz y su sufrimiento el nuestro. Sus sudores y lágrimas se harán realidad, una vez más, en todos nosotros, cofrades y hombres de fe que, humildemente, reconocemos y agradecemos de todo corazón su sacrificio pro todos nosotros. Seremos sus compañeros de camino, alumbraremos su fatigoso andar con nuestros cirios y nuestro ruegos y oraciones le reconfortarán porque así comprenderá que su sacrificio no fue en vano.
Se abrirán esas puertas y ante nuestros ojos aparecerán bellas imágenes que encarnarán los misterios y sentimientos que envolvieron la pasión y muerte de Jesucristo. Belleza, mucha belleza, moldearon con sus manos Castillo Lastrucci, Navas Parejo, Santos Rojas, la escuela valenciana… todos ellos, en un difícil arte, dotaron a esas imágenes de belleza pero también de vida eterna, como Cristo Resucitado; imágenes que trascienden y se hacen vida por unos días, en Semana Santa.

La fe religiosa convertida en cultura, arte y tradición, eso es la Semana Santa.
Llega la Semana Santa a nuestro pueblo. En mi opinión, llega la fiesta más importante y la que más personal e intensamente vivimos los serranos, sólo comparable con el Día de nuestro Patrón San Bartolomé. Importante y yo diría que única por muchas cosas, pero, sobre todo, porque pasión, tragedia y religión se mezclan de manera muy atípica, intensa y honda.

La Semana Santa corre por las venas de los serranos durante todo el año. Aunque en estos últimos meses este sentimiento se hace más presente. Desde hace semanas llevo escuchando a nuestros saeteros orando a Cristo y a su Madre con sus saetas, cantar de nuestra tierra que se hace presente todas las primaveras, como decía el poeta; nuestros hombres y mujeres limpian y blanquean sus casas preparando así el camino blanco y eterno que recorrerán nuestros Titulares; nuestros queridos emigrantes retornan as u casa para peregrinar y procesionar con sus Cofradías en penitencia; y veo también el constante ir y venir de nuestras mujeres a los hornos del pueblo para elaborar esas magdalenas y suspiros y también piononos que nos endulzarán estos días de pasión y tragedia.

Sin embargo, detrás de esta Semana Santa, tras esos siete días, se esconde un año de trabajo y esfuerzo de los que a mi juicio, mantienen y reviven cada año la Semana Santa, y me estoy refiriendo a las Cofradías y, especialmente, a sus Juntas Directivas.
Las Cofradías son depositarias de la fuerte tradición cofrade de nuestro pueblo, y, en suma, son las hacedoras de nuestra Semana Santa. Año tras año trabajan y se esfuerzan por mejorar sus procesiones y con ello mejoran y hacen mucho mejor a nuestra Semana Santa.

Particularmente, siempre estaré agradecido a todos los hombres y mujeres que dirigen las Cofradías de nuestro pueblo, ya que, gracias a su trabajo y dedicación, me han permitido disfrutar de momentos e imágenes bellas e inolvidables. No hay duda de que una Cofradía depende fundamentalmente de sus cofrades, pero la capacidad de gestión y de trabajo de los que las gestionan es fundamental para encauzar por buen camino ese apoyo cofrade que es más intenso cuando va acercándose la Cuaresma. Muy especialmente quiero agradecer ese trabajo a los cofrades que dirigen a la Hermandad del Stmo Cristo de la Bondad, la más joven de todas y que todos tenemos muy olvidada, pues sin su labor estoy seguro que nuestra querida Pollinica quizá llevaría algunos años sin procesionarse.

Y por último, debo y quiero reconocer a todos aquellos que hicieron de la Semana Santa de mi pueblo más grande, más bella, más importante y que por desgracia hoy ya no se encuentran entre nosotros. A todos aquellos que se significaron especialmente por su amor a la Semana Santa Serrana, a aquellos que cantaron saetas, a aquellos que relataron y pregonaron sobre nuestra Semana Santa, a aquellos que fueron Hermanos Mayores, secretarios, tesoreros, directivos de cualquier cofradía, a aquellos que, en fin, trabajaron por devoción en nuestras cofradías y en nuestra Semana Santa…. A todos ellos, simplemente, agradecerles su dedicación y esfuerzo porque lo que hoy disfruto es también fruto de su trabajo.

Ha llegado la Semana Grande en Sierra de Yeguas. Y las puertas de nuestra Iglesia se abrirán y comenzaremos así, en un ejercicio de fe, a vivir un año más el Evangelio. Mañana mismo, las calles de nuestro pueblo se alfombrarán con las ramas de olivos de nuestros más pequeños que acompañaran a la Pollinica en su camino y entrada triunfal en Jerusalén, donde le saludaremos y vitorearemos como el Mesías, el hijo de Dios.
Antes de verlo humillado y condenado a su fin, los hombres y mujeres recorreremos en estación de penitencia las calles de nuestro pueblo en un ejercicio de comprensión de la vida de Jesús y de nuestra Fe cristiana, oraremos y rogaremos por Él y por todos nosotros ante Dios nuestro Señor.
Judas le traicionará y le venderá por treinta monedas, Pedro lo negará y Pilatos le condenará. Flagelado, humillado, y coronado de espinas saldrá Nuestro Padre Jesús de la Humildad. Pensativo y resignado caminará cabizbajo, con la cara apoyada en su mano, impasible. Cuanta dulzura y amor habrá en sus ojos. Los hermanos de la Humildad alumbrarán el caminar del rey de los judíos y acompañaran a Jesús en esas horas tan difíciles, en esas horas en que ya ha escuchado su sentencia de muerte y en el que, a buen seguro, las oraciones y vítores de nuestros entrañables “forasteros” servirán de confortación a tanta pena. A hombros le llevarán en un camino triste por nuestras calles, únicamente su cara brillará entre tanta tristeza.
La sentencia de muerte se ha ejecutado. Tras implorar a Dios por su desamparo y exhalar su espíritu, procesionará el Santísimo Cristo de la VeraCruz casi desnudo y muerto, clavado en la Cruz y a sus pies, tocada de verde, nuestra madre María Santísima de la Esperanza llorará amargamente. Todavía sus brazos, costados y pies nos muestran la sangre divina que ha derramado por todos nosotros. La tragedia se ha consumado y quien mejor lo sabe y lo entiende es su madre, nuestra Virgen de la Esperanza. No habrá consuelo para ella, llorará tristemente y con ella todos los hermanos del Cristo, que no la dejarán sola, le enjugarán sus lágrimas y le ofrecerán su hombro como apoyo para mitigar su pena. Y cuando por la calle Harina les suben, cuando el camino es empinado y esforzado y las fuerzas escasean, cuando la noche es más fría y algunos podrían abandonar, nuestros hermanos del Cristo le dirán a su Esperanza que no está sola, que apretarán el hombro y conducirán a Cristo al Templo, donde le ayudarán a su Virgen a desclavarlo de la Cruz y a quitarle esa corona de espinas, prueba de la humillación padecida.
La Virgen de la Esperanza no quiere mirar y no mirará a su hijo muerto, clavado a un madero y coronado de espinas. Su mirada siempre perdida al frente y, como su vestido verde esperanza, sus pensamientos estarán con su hijo … pero vivo, resucitado al tercer día.

Viernes Santo por la mañana. El tiempo se detiene y a las puertas de la Iglesia se asomará Nuestro Padre Jesús Nazareno, como decimos los jesuistas “el mejor de los nacidos”.
Sudoroso, ensangrentado, la mirada humillada, las mejillas amoratadas por los bofetones recibidos, con la boca entreabierta en una esforzada respiración, vestido de púrpura, con la Cruz a cuestas y la corona de espinas clavada en sus sienes. Todos los  que le aclamaron y vitorearon como el Mesías le han abandonado, le han traicionado y ello se ve también en sus ojos tristes y hundidos. Entre ruido de cornetas y tambores, de vivas apasionados y de lágrima de pena y también de alegría aparecerá Jesús Nazareno. Es la mañana de Jesús, la mañana de los jesuistas y del pueblo de Sierra de Yeguas.

Despuntara el Sol y nuestras blancas calles y casas se iluminarán alumbrando el trágico paso de Jesús Nazareno que, a latigazos, será llevado al Monte Calvario donde le crucificarán.
Las cornetas y tambores abrirán su paso por nuestras calles y la oración hecha saeta redimirá su pena y agonía. Azotado y humillado será conducido a la muerte, su muerte por todos nosotros. Pero no estará sólo, con Él, inseparables y a modo de cirineos, todos los jesuistas que con su hombro le ayudarán a llevar su cruz, y le aliviaran su corazón roto por tantos insultos y sufrimiento.
Y tras él, como siempre, nuestra madre, la Virgen de los Dolores. Desconsolada llorará en pos de su hijo, al que no alcanzará, en un camino interminable de angustia y dolor. Con su pañuelo al viento será llevada a hombros por los dolorosos que con ella llorarán y sufrirán el camino hacia su fin de Jesús Nazareno. Y en mitad de la calle La Cruz, casi llegando al barrio, se encontrará el Hijo con su Madre, la Madre con su Hijo. Será un breve instante donde sus miradas cómplices se cruzarán. ¡Cuántos recuerdos de infancia, su niño, Belén, también la aldea de Nazaret, toda una vida pasará por la mente de esa madre, rota por el dolor! Intentará la Dolorosa acercarse a su hijo para besarle, para secarle el sudor y la sangre que chorrea por su mejilla, y para refrescar su garganta. Pero su intento será en vano, a pesar de los esfuerzos de los jesuistas y dolorosos en acercarlos, en juntarlos, en abrazarlos. No servirá tu pañuelo Virgen de los Dolores. Y tú Jesús Nazareno, no podrás abrazar a tu madre ni reconfortante en su regazo, pero a través de tus hermanos jesuistas gritarás: ¡Madre no me dejes sólo, acompáñame! Y así será. Entre los varales la pena se mecerá y la Virgen de los Dolores acompañará a su hijo, a Jesús nazareno y le verá agonizar y morir.
La muerte del hijo de Dios se ha consumado. Las campanas tocarán a duelo y silencia y la noche se hará más noche, más negra. El Santo Entierro de Cristo procesinará por nuestras calles en un silencio grave. El hijo de Dios yace muerto en su sepulcro y el pueblo de Sierra de Yeguas vela por él. Ya no sufrirá más, ya no sangrará más ese cuerpo divino roto por tanto sufrimiento y dolor, Jesús de Nazaret en un profundo ejercicio de amor ha muerto en la Cruz por todos nosotros.
Tras el su Madre, nuestra Madre, María Santísima de la Soledad, sigue fielmente su camino con la cruz desnuda y las escaleras a su espalda. Coronada, con un vestido negro como la noche y con el corazón roto por la muerte de su Hijo. Su cara trágica. Y en sus manos abiertas el pañuelo que no utilizó y los clavos y corona de espinas del rey de los judíos, de su hijo. Los hermanos enterristas, en vano, intentarán calmar su llanto. No quedan ya lágrimas para llorar tanto sufrimiento y dolor, tanta pena y tanta desgracia. Y tampoco hay palabras para describir, a pesar de ese dolor y sufrimiento, la belleza inigualable e infinita de la Virgen de la Soledad.
Los hermanos enterristas mecerán muy lentamente su pena y le servirán el consuelo necesario y le darán todo su ánimo y esperanza, porque el hermano enterrista y con él todo el pueblo, al llevar siempre presente en su vida la imagen de Cristo, procesiona en la esperanza confiada del Señór Resucitado y vivió eternamente. Porque al tercer día resucitará.

Se abre la puerta de la Semana Santa serrana. Deseo que estos días de fe hecha cultura y tradición nos sirvan para comprender mucho mejor el sacrificio que Jesucristo hizo por todos nosotros, pero también para que su enseñanza y mensaje lo apliquemos diariamente en nuestras vidas, viviendo siempre en la confianza de Dios nuestro Señor.
Y que, por supuesto, nuestras oraciones, aplausos, saetas y vivas suenen mejor que nunca para acompañar a Jesús en su trágico peregrinar hacia la Cruz.

Ya se oyen serranos las oraciones,  la voz del capataz llamando al orden a los hombres de trono y el toque de su martillo sobre la campana, ya se escucha la saeta, la corneta y el tambor….ya se dispone a salir pueblo de Sierra de Yeguas, el Hijo de Dios.