lunes, 9 de marzo de 2026

Pregón Semana Santa 2.026

 

Pregón de la Semana Santa Sierra de Yeguas 2.026


Este pregón fue organizado y presentado por la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Bondad en su entrada triunfal en Jerusalén el sábado pasado día 7 de marzo de 2.026, siendo pregoneras, Dña. María de los Reyes Torres Torres y su hija Rocío Fernández Torres, hermanas de dicha cofradía, en la Parroquia Inmaculada Concepción de nuestra localidad.


Dedicatoria:

“A todos y cada uno

 de los que habéis colaborado

con nosotras en este humilde pregón.

Gracias por hacer posible que hoy estemos aquí”.

Con cariño M. Reyes y Rocío.

 

Prólogo

 Jesús mío de la Bondad, como cada Domingo de Ramos, aquella tarde también te iba acompañando junto a todos, rezándote, pidiéndote como siempre, pero también dándote gracias.

En mi cabeza resonaba un canto:

¡“Hosanna al Hijo de David”!

¡“Bendito el que viene en nombre del Señor”!

¡“Hosanna en las alturas”!

Entonces, sentí como me cogías de la mano, y, con suavidad me sacabas de aquella fila, de aquella algarabía de personas mayores y niños, y de pronto... me vi frente a ti; me miraste a los ojos y me dijiste:

“Si quieres venir conmigo, no te pongas siempre en el centro; coge tu cruz de cada día y sígueme”

Señor, mi cruz no siempre es grande te dije, pero a veces me pesa, me pesa demasiado porque me pesan mis miedos, mis heridas, mis egoísmos, mis dudas… y hoy, Domingo de Ramos quiero preguntarme con sinceridad.

¿Te sigo sólo cuando todo va bien?

¿O también cuando el camino se me vuelve difícil?

Enséñame a no buscar solo aplausos, a no quedarme solo con los ramos que hoy llevamos, sino a caminar contigo hasta la cruz, con la Esperanza puesta en la Resurrección.

Porque Tú no vienes a quitarme la vida, vienes a enseñarme cómo vivirla de verdad, dame siempre tu Paz y tu Consuelo.

 Todo fue un sueño… pero me desperté con la certeza de que no todo había sido producto de mi mente, sino que Tú estuviste de verdad.

Y así Señor; late mi corazón el único motivo por el que cada Domingo de Ramos te siga alabando, y cada día de mi vida te busque y te siga encontrando.

Paso a paso, día a día, Domingo a Domingo, hemos llegado a este momento, a esta tarde de Cuaresma en este templo donde te adoramos y rezamos.

Aquí estamos Señor, pero ya no a solas como aquella tarde tú y yo, sino hoy acompañándote mi hija Rocío y yo. Delante de mi familia, amigos, hermanos en tu Fe, para dar testimonio del amor que nos mueve a seguirte y a recordar de nuevo como cada año:

“Salta de alegría, Sión,

lanza gritos de júbilo Jerusalén,

porque se acerca tu Rey,

justo y victorioso,

humilde y montado en un asno,

en un joven borriquillo.

¡Gobernará de mar a mar

desde que salga el sol,

hasta el ocaso.

Y su reino no tendrá fin”.

Jesucristo Rey humilde. Ruega por nosotros.

 

Y no me olvido de ti, Madre, que, por ser Inmaculada, Dios te concedió acompañar a tu Hijo Jesús en el camino hacia el Calvario; ahora madre mía, te pido que nos cubras con tu manto, a mi hija y a mí, ayúdanos a estar a la altura de aquel mismo amor que tu Hijo nos mostró y sepamos recorrer con la palabra, y el corazón este humilde Pregón, que a los pies de tu Hijo presentamos: 

“Mi Jesús de la Bondad”

Salud y fuerza pedimos en nuestro largo caminar,

faro y guía en esta noche, para poder pregonar

nuestra Semana Santa que está a punto de llegar.

(Marcha)

 

Saludos

 

Reverendo cura párroco de nuestra Iglesia Inmaculada Concepción: Don Francisco del Pozo Ávila.

Reverendo cura párroco Don Rubén Montoya Cejudo, Párroco de la Iglesia San Antonio de Padua de Frigiliana, amigo personal y de la familia.

Excelentísimo señor Alcalde Don Miguel Ángel Sánchez Jiménez y Concejales del Ayuntamiento de nuestro pueblo.

Señor Sargento, Comandante de puesto de la Guardia Civil de Campillos.

Señor Cabo Primero, Comandante de puesto de la Guardia Civil de Sierra de Yeguas.

Hermanos mayores, directivos, cofrades, serranos, amigos, hermanos todos en Cristo. 

“PAZ Y BIEN”

 

Para comenzar, queremos darte las gracias a ti, Juan Carlos Narbona, por tus bonitas palabras hacia nosotras. El año pasado, nos regalaste tu pregón y hoy, con generosidad nos cedes este mismo lugar para que mi hija y yo podamos vivir juntas este momento, momento que también es tuyo porque forma parte de la historia de nuestro pueblo.

Gracias Carlos, por tu cariño y por querer tanto a Sierra de Yeguas. 

 

Agradecimientos y dedicatorias

 Ante todo, quisiéramos agradecer a la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Bondad en su entrada triunfal en Jerusalén, el otorgarnos el honor y el orgullo de ser las pregoneras de la Semana Santa de Sierra de Yeguas 2026.

Nos honra muchísimo la confianza que habéis depositado en nosotras, esperamos poder estar a la altura.

“Mil gracias por hacernos este bonito regalo que jamás olvidaremos”.

 

“Queridos hermanos pollinicos”, que formáis parte de la directiva de esta Hermandad.

A los miembros más veteranos, pero también a los más jóvenes.

“Enhorabuena por todo lo que hacéis”.

Gracias a todos por vuestro trabajo constante, por vuestra entrega y por mantener viva a esta pequeña pero gran Hermandad, para que año tras año se mantenga la Fe y nuestras tradiciones. 

¡GRACIAS!

 

Permitirnos que sigamos con los agradecimientos y dedicatorias. Pero es que antes de comenzar a exaltar nuestro sencillo Pregón, queremos hacerlo desde lo más profundo de nuestro corazón.

 Por ello:

Doy gracias Dios,

por el don de la vida,

por todos mis familiares y amigos,

por permitirme vivir la Semana Santa

no solo como tradición, si no como

camino de encuentro hacia el Señor.

A mis padres, mis mayores pilares, ellos me han transmitido en forma de amor su respeto y pasión por la Semana Santa.

Aunque tan solo a mis veintidós años pueda parecer que tengo poca experiencia para pregonar, las vivencias y recuerdos que con ellos he vivido, que en mi mente permanecen y serán tesoros para la eternidad.

 

Sí Rocío, tesoros como nuestra familia. Familia, donde la vida comienza y el amor nunca termina.

Familia que formé contigo.

A ti, mi compañero de vida, apoyo firme incondicional con quien comparto mis días y mis locuras.

Gracias por caminar a mi lado, por saber entenderme siempre, aún más cuando a veces me faltan las fuerzas.

A nuestras dos hijas, Rocío y Carlota, fruto de nuestro amor, regalo de Dios, para que sus pasos estén guiados por la Fe y sientan que nunca caminan solas.

 

A ti papá; por tu ejemplo de esfuerzo, honradez, amor sencillo y silencioso.

En especial quiero dedicártelo a tí, MAMÁ, porque, aunque ya no estés con nosotros, sigues siendo la Luz que ilumina nuestras vidas.

Gracias Madre, gracias por enseñarme a rezar, a confiar en Dios y vivir mi vida con valores cristianos, que me hacen ser más fuerte frente a las adversidades en el camino.

Por ti mamá, allá donde estés, porque sé que nos escuchas, nunca nos abandonas y en especial hoy sabemos que estarás orgullosísima de vernos aquí, a tu Rocío y a mí. 

“Va por ti mamá, va por ti abuela”

 

A ti, tito Antonio, por estar siempre presente en mi vida y en mi forma de sentir la Semana Santa.

A mis hermanos, por ser apoyo, refugio, compañía a lo largo de mi vida, por compartir tantos momentos, recuerdos y por estar ahí incluso cuando no hacen falta las palabras.

A mis sobrinos, por su cariño hacia mí, razón de mi alegría, esperanza y por formar un nuevo futuro en nuestra familia. Por los que están y por los que vendrán.

A Manolo y Charo, por estar siempre ahí en todos y cada uno de los momentos de nuestras vidas; dicen que los amigos son la familia que uno elige y nosotras tenemos la suerte de tener una gran familia con todos ellos. 

¡Gracias siempre a todos!

 

 A todos nuestros familiares que ya no están en este mundo, pero que su presencia sigue viva entre nosotros. Besos al Cielo.

Por último, por ello, no menos importante dedicamos también estas palabras a nuestro pueblo Sierra de Yeguas y Navahermosa.

A sus hermandades,

a nuestras imágenes,

y a todos lo que mantienen viva

nuestra Semana Santa.

 

 

Sierra de Yeguas, me dirijo a vosotros desde este atril y os “Saludo”.

A todos y cada uno de los que lleváis la Semana Santa al igual que yo grabada en nuestra alma.

Hoy no vengo hablaros como experta de todo lo que nos acontece.

Si no como mujer Cristiana desde mi cuna, llevando siempre con orgullo a nuestro Señor Jesús y a su Divina Madre los trescientos sesenta y cinco días de año y como centro de mi vida.

Os hablaré desde mi corazón, como a mí me lo inculcaron, porque mi Semana Santa no empezó en una Iglesia, ni en una procesión, ni de un día para otro.

Mi Semana Santa empezó en una casa:

Calle Salero, casa de mi abuela Carlota.

Hoy a mis cincuenta y un años miro atrás y entiendo cómo se forjo mi Fe y mi manera de creer.

Una Fe sencilla de una familia, de un pueblo, de silencio y entrega.

Hoy junto a mí, mi hija.

En sus ojos veo aquella niña que yo fui.

Y le doy gracias a Dios porque la Fe no se perdió.

Pasó desde mi abuela y familia a mí, de mi a ella, a su hermana y espero que siga así de generación en generación.

 

 De nuevo llegó otro año…

Pasó Don Carnal y llegó Doña Cuaresma.

CUARESMA…

Tiempo de penitencia, arrepentimiento y humildad.

No son solo cuarenta días en un almanaque, todo esto es mucho más.

Miércoles de Ceniza, día de su imposición, que nos recuerda que “Polvo somos y en polvo nos convertiremos”.

Para quienes hemos vivido muchas Semanas Santa, la Cuaresma es memoria, sentimiento, silencio, promesas cumplidas y otras tantas que aún esperan.

 

Para quienes empezamos casi a vivirla con ojos nuevos y jóvenes, la Cuaresma es aprendizaje, emoción y tantas preguntas que nos acercan a la Fe.

La Cuaresma en nuestro pueblo no se anuncia solo con palabras… se siente en las calles en los saludos con más ganas de charlas que en otros días del año, y en tantas miradas que saben que se acerca la Semana Grande.

“Nuestra Semana Santa”.

 

El olor a incienso que hoy presencio, me trae imágenes que jamás quiero olvidar; todo tiene un comienzo, aunque el mío apenas sé cuándo empezó. Si tuviese que poner un tiempo, desde el vientre de mi madre ya sentía que el amor a Cristo y su Madre crecían en mí porque este sentimiento no se aprende… se HEREDA. De generación en generación.

Y para mi suerte, esta devoción por la Semana Santa ha ido floreciendo en mí como azahar en primavera.

Tiernos recuerdos de mi infancia suelen estar más presente en este tiempo, en mi casa un ajetreo, montones de emociones, sentimientos a flor de piel porque es Cuaresma y hay que sentirla.

Sentirla como yo la siento, mamá. Y volviendo a las generaciones… cuéntame cómo vivías siendo niña todo lo que en esos días sucedía.

Ya abuela me contaba todo el trapicheo que allí había y de cómo todo se preparaba.

¡Ay! Si me pongo a contar…

La verdad no acabaría, porque desde que tengo uso de razón, he vivido intensamente los preparativos desde que empezaba la Cuaresma hasta que con la Resurrección terminaba.

La casa de la bisabuela Carlota y los titos Alonso y Antonio, no era una casa cualquiera, era el corazón de la Hermandad, un punto de encuentro y lugar de preparación y casi podría decirte que nuestra primera estación.

Allí se guardaban los enseres de la Hermandad.

Recuerdo una alacena en el hueco de una ventana llena de bolsas con túnicas, cinturones, escudos, un hueco de la escalera lleno de cirios verdes, por un lado, sus maderas por otro, capirotes de cartón y hasta rollos de telas para hacer las túnicas.

Y yo, siendo una niña zangolotina que me encantaba rebuscar, disfrutaba removiendo todo aquello; tocando las telas, observando cada detalle y soñando sin saberlo con una Fe que se me estaba quedando grabada para siempre.

En esos días de Cuaresma, todo cambiaba en la casa. Los hermanos de la Hermandad del Cristo venían por sus túnicas, el tito Alonso que era el hermano mayor ya se las iba repartiendo con agrado y cariño.

“Vamos a ver si esta no te está chica ya”

“Bueno buscaremos otra, qué más da”

Y así pasaban las tardes… El tito Alonso, tu padrino, iba a buscar la banda junto a Cristóbal “Mocha” y algunos otros hombres más.

Un ir y venir a la Iglesia en aquellos días.

Manu “de la Farmacia” vestía a la Virgen…

¡Y qué guapa la ponía!

La noche antes, los hombres llevaban el trono desde su pequeña cochera de Hermandad hasta la Iglesia donde se arreglaba y vestía con sus flores. Con su monte de claveles rojos, más tarde con sus iris, todo aquello hacia que el trono estuviera precioso, majestuoso.

Todo esto era aquí en el pueblo, pero en nuestra casa del “Pueblecillo” también había trapicheos.

Abuela junto Anita “la vecina” no paraban, se afanaban en hacer túnicas y capas para la Hermandad.

-         Venga Anita, tú ve cortando las túnicas que yo las voy haciendo.

 Y mañana lo hacemos al revés.

Recuerdo un año que hicieron más de cuarenta túnicas; y mi madre y ella orgullosas de su trabajo. Orgullosas de servir al Señor desde el silencio.

Y al llegar el Jueves Santo, nos disponíamos a irnos a vestir a casa de abuela Carlota, allí nos esperaba ella con ilusión.

La casa se llenaba; nosotros los cinco hermanos, los primos grandes y pequeños de Málaga, el primo Cristóbal, el Pedro y todos los hermanos de la Hermandad que poco a poco iban llegando.

¡La Calle Salero en revolución!

¡Las vecinas en la puerta!

Y llegaba Cristóbal, “venga muchachos que nos vamos ya”.

Las mujeres vestidas de mantilla, venían asomando por la calle, y “Antonia” con “tó” sus chiquillos en medio con su estandarte ya.

Y así nos dirigíamos a la Iglesia, que todo estaba listo ya.

 

¡Ay mamá! Ahora entiendo todo lo que abuela me contaba. ¡Qué bonito verdad!

Sí, Rocío, porque la Semana Santa, no se inventa se vive en las casas, se trabaja todo el año, eso es ser Cristiano, ser Cristiano de verdad.

“Que nunca falten abuelas como Carlota”

“Madres que cosan túnicas”

“Familias que se reúnan”

“Hijos que continúen”.

 Mamá, y después de todo eso, cuando fuiste creciendo ¿se apagó un poco en ti la Semana Santa?

 

No Rocío, cambiaron las formas, pero no el sentimiento.

Llegó mi adolescencia, después mi juventud y seguí los mismos pasos, pero ya iba con mis amigas. Cada una vestida de una hermandad distinta, pero todas con el mismo respeto, la misma devoción y, además, colaborábamos con todas.

Más de una noche del Viernes Santo, mi amiga Isa y yo, nos vestíamos del Santo Entierro porque había que acompañarlo en esta procesión.

En esos tiempos, conocí a papá. Nos unían las mismas devociones.

 

Mamá y papá siendo de fuera, ¿qué relación tenía con nuestra Semana Santa?

 

Rocío, aunque papá no nació aquí, aprendió a sentirla como un serrano más, tanto es así que llegó a pertenecer a la directiva de la Hermandad del Santo Entierro y Virgen de la Soledad, pero él siempre cuenta que, sobre sus hombros, el primero trono que llevó fue nuestra Pollínica; y desde ahí hasta hoy en día, de una manera u otra, él sigue estando y yo me fui incorporando.

Con el paso de los años, llegaste tú. Y por una promesa, “tu primera túnica de Jesús”.

 

Si, mamá, con la primera túnica de papá que traía desde su pueblo, me lo contó abuela Ángeles un día.

 

Tu segunda túnica por la misma promesa del Entierro te vestía; hiciste la estación de Penitencia con papá al lado de la Cruz de guía, “que dos años y medio no tendrías”.

 

¡Ay qué bonito sería!

Pero esos momentos sino fuera por ti, yo no lo recordaría.

 

Así comenzó todo…

Llegó la procesión Infantil. 

 

PROCESIÓN INFANTIL

Una semana antes del Domingo de Ramos, Sierra de Yeguas se prepara para vivir su Semana Santa Infantil.

Nuestro Padre Jesús del Amor y María Santísima de la Sierra ya están preparados para hacer su estación de Penitencia.

Tarde de nervios para ellos, pequeños y pequeñas que están deseando salir a la calle; unos portando el trono, otros con la ilusión de ser capataz y ese cortejo de niñas de mantillas, “que a cuáles más bonitas van”.

La Procesión Infantil no es un ensayo de la Semana Santa futura, ya es Semana Santa verdadera.

Es el latido pequeño pero firme de un pueblo que se reconoce en sus niños, verlos caminar es vernos continuar…

Nuestro Padre Jesús del Amor.

El Señor que se hace niño entre los niños y que enseña que el amor hacia él no entiende de edades.

Señor, cuando sales a la calle no lo haces entre cirios altos ni grandes promesas, sino entre sonrisas nerviosas de los que te llevan en tu pequeño trono con sus corazones que laten por primera vez al compás de una Procesión.

¡Qué lección tan grande Señor!

Tú que cargaste con el peso del mundo, te dejas llevar hoy por quienes apenas empiezan a descubrirte.

Y junto a ti, como siempre está ella.

 María Santísima de la Sierra;

Madre que vela por los sueños de nuestros niños y niñas, la que seca sus lágrimas antes de que caigan.

La que les enseña a caminar.

Y le susurra al oído que nunca estarán solos.

Bajo tu manto Virgen Bendita.

Crecen los futuros hombres y mujeres de trono.

Los que, casi jugando hoy,

mañana te rezaran en silencio.

Porque esta procesión no es un juego.

Es una semilla.

Semilla de Fe

Semilla de tradición.

Semilla de un pueblo que se asegura su mañana.

Enseñando a sus hijos amar a Cristo y a refugiarse en María.

 

Sierra de Yeguas; cuida esta Procesión como un tesoro.

Defiéndela del olvido, “del siempre se ha hecho así, sin sentido”, enséñala con orgullo porque en esos tronos pequeños late el futuro de tu Semana Santa.

¡Que nunca falten niños y niñas siguiendo a Jesús del Amor!

¡Que nunca falten manos pequeñas para buscar el consuelo de María Santísima de la Sierra!

Y que cada primavera, cuando las calles se llenen de inocencia y Fe, podamos decir con orgullo.

Aquí en Sierra de Yeguas la Semana Santa comienza en el corazón de los niños.

Y se hace eterna bajo la mirada de una Madre.

¡Que así sea!

 

Ahora alcanzo a comprender todo lo que siento yo…

Mi Fe,

Mi devoción…

Porque ya desde el Viernes de Dolores, después de que nuestra Madre, la Virgen de los Dolores, se dirija a su casa Hermandad acompañada por su pueblo que tanto la quiere y reza.

Nosotros, los hermanos Pollinicos, tenemos otros planes y compromisos pendientes.

Como allanar el camino para que el Señor de la Bondad entre triunfal en el pueblo de Sierra de Yeguas.

Empiezan los preparativos para nuestro Domingo de Ramos.

Cada año y así lo vivo desde mi infancia, nos dirigimos hasta la casa Hermandad de nuestros patrones, donde se encuentra el trono de nuestro Sagrado Titular, para transportarlo hacia la Iglesia y comenzar los preparativos.

Ya empieza la faena… pero no es pesada, es algo que me llena el corazón. Compartir momentos inolvidables con los que quiero.

Ya están allí, Charo, Manolo, Melli, mi tía Lale y mi tío Juan Miguel, preparados para montar al Señor en el trono.

 

 ¿Papá en que te ayudo?

¿Charo te hace falta algo?

¿Manolo esto está bien así?

Son las preguntas que más hago en este día…

Los hombres empiezan a pinchar flores.

Las mujeres a preparar las vestiduras del Señor.

Las horas van pasando; el trono del Señor se va terminando.

¡Todo listo! Daniel la palma al Señor la puedes ir colocando.

Y así, con ganas y mucho tesón damos paso a nuestra Semana de Pasión. 

“Dejad que los niños se acerquen a mí” 

 

DOMINGO DE RAMOS

“Despiértese el niño que todos llevamos”.

“Despierta Sierra de Yeguas porque tu mañana de Domingo de Ramos ha llegado”. 

“Domingo de Ramos”

“Domingo de Amor y Bondad”

“Domingo de olivos y palmas”

“Domingo de alegría y paz”.

 

Yo era joven, Sierra de Yeguas se notaba distinta.

Había nervios, ilusión, palmas nuevas y corazones latiendo a un mismo son.

Recuerdo la primera vez que salió.

Y lo recuerdo como ahora.

Cuando la Pollinica cruzó por primera vez la Puerta del Perdón.

Por trono el de San Bartolomé.

Las madres cosieron las primeras túnicas a sus hijos.

Nada fue fácil, todo fue entrega, pero todo verdadero.

Había pocos medios, pero mucha Fe, había manos que no sabían si podrían, pero lo hicieron.

Se alzaban palmas en el aire, con brillo en los ojos, murmullos de pasos que anunciaban que la Semana Santa despertaba.

  

Mamá, yo tantísimos años después, vivo esa misma emoción.

Porque lo que entonces nació, sigue vivo hoy; porque aquella primera salida nos trajo hasta aquí.

Porque Jesús de la Bondad, sigue entrando cada año en Sierra de Yeguas.

Y sigue encontrando palmas, corazones abiertos y manos dispuestas alzarlas.

Llegó por fin el día, desde por la mañana, es un no parar de emociones.

Mamá, ¿falta mucho para las cinco?

¡Yo me pongo la túnica ya!

Venga que el Señor va a salir y nosotros aquí todavía.

 

Al grito de un joven quinto:

¡Viva Nuestro Padre Jesús de Bondad!

 

HIMNO Y CAMPANAS 

La imagen serena va asomando por la puerta de la Iglesia, con el “quejio” de la corneta y el brote de aplausos lleno de emoción, manillas nerviosas de pequeños y no tan pequeños moviendo sus palmas con emoción, el sonido de alegres campanas.

Él mira a su pueblo.

“Bendiciéndolo”

Cada año que pasa, el sentimiento es el mismo: “alegría”.

Alegría, a ver sacar a mi padre el trono de Jesús de la Bondad y en mis ojos una mezcla de orgullo y asombro.

Allí está él; firme y lleno de Fe, acompañado por los quintos de nuestro pueblo.

Y es aquí, donde yo como joven me gustaría reivindicar;

A nuestros jóvenes del pueblo,

que no perdamos esta bonita tradición,

que mantiene viva nuestra historia,

nuestras raíces y nuestra devoción.

No dejen que esta tradición se pierda,

porque en nuestras manos está el legado,

porque mientras haya quien lo lleve,

quien lo mande,

y quien lo espere llorando,

Nuestro Padre Jesús de la Bondad,

seguirá caminando.

¡Y nosotros con él! 

Que tu pueblo te espere

y te sientan en tus calles.

Que nuestras manos se junten,

generaciones unidas,

padres, madres, hijos,

bajo tu mirada serena y justa.

Y cuando tu paso vuelva a salir,

sepamos reconocerte;

En el hermano.

En el que sufre.

En el que cae.

En el que espera.

Porque tu no pasas,

tú te quedas.

Quédate con nosotros,

Padre Jesús de la Bondad.

Quédate en nuestras casas,

en nuestra Hermandad.

Y en el corazón de este pueblo,

que te quiere y jamás te olvidará.

  

LUNES SANTO

Corría el año 2008, en mi casa algo grande se forjaba.

Idas y venidas a nuestra Iglesia.

Navahermosa empezó a descubrir que el silencio también podía ser procesión.

Las calles se recogieron, las ventanas se llenaron de velas, una a una como luceros encendidos, para guiar al Santísimo Cristo de la Clemencia y Perdón.

 Catorce estaciones de penitencia, te acompañan en tu caminar.

Fue un año sencillo, pero muy hondo, no hacía falta explicar nada, el silencio lo decía todo, así nació tu procesión; con respeto, recogimiento y con esos tambores roncos marcando tu paso lento.

 Recuerdo tarde de nervios y ajetreos en ese Lunes Santo;

Preparando los altares, repartiendo las lecturas del Santo Vía-Crucis, ayudando a vestir a las tres Virtudes que te acompañan junto a la Cruz de Guía.

 

FE, ESPERANZA, CARIDAD.

Junto a las tres Marías, se postran a tus pies.

 

Primera estación:

Jesús es condenado a muerte.

  

Te adoramos, ¡Oh Cristo y te Bendecimos!

Pues por tu Santa Cruz, redimiste al mundo.

Y así, damos comienzo a nuestra Estación de Penitencia.

 

Noche fría, solo se siente el calor de los cuatro hachones y las pequeñas llamas de las velas en las ventanas que te acompañan.

Navahermosa se hace silencio, cuando la noche se hace oración.

SILENCIO.

Silencio sepulcral, que únicamente se rompe en forma de oración con las lecturas en los altares o con la saeta de algún cofrade.

Cristo de la Clemencia y Perdón:

Tu sencillez, te hace grande.

Por andas, cuatro maderas.

Tus brazos abiertos nos esperan.

Clemencia tu nos das,

nos ofreces tu perdón,

y en tu Cruz encontramos,

nuestras fuerzas y redención.

Hoy te pregono Señor,

como se pregona la verdad que salva,

porque en tu silencio, gritas,

lo que el mundo calla.

Que no hay culpa sin clemencia,

 ni herida sin perdón,

ni hombre tan perdido,

que no encuentre luz en tu Pasión.

Y cuando mi voz se calle,

y se apaguen las luces de este pregón,

quédate tú, Señor.

Con el corazón de tu Pueblecillo,

recordándonos que el perdón,

también forma parte de tu Resurrección.


 

MARTES Y MIERCOLES SANTO

 Las calles de Sierra de Yeguas se preparan para hablar en silencio.

Se apagan para encender el alma.

Procesión de Hombres y Mujeres acompañan con devoción la Cruz de la “Ambrosia”.

Cruz sencilla, profunda y de Fe que se mantiene firme generación tras generación.

Vía-Crucis que recorre las calles de nuestro pueblo.

Habla el sonido de los pasos.

Habla el eco de una saeta.

Habla el rezo de mujeres y hombres siguiendo a Jesús.

Un rezo que no se grita, se camina.

Es la mujer que despierta el recuerdo de quienes caminaron antes.

Es el hombre que camina por los que vendrán después.

Es el rezo de Rafaela Alés, al romper el silencio con una saeta.

Es Pepe Ruz, con su túnica morada que siempre te acompañaba.

Es Rosarito Bernal, mujer de Fe, que siempre camina a tus pies.

Son mujeres y hombres cada uno en su noche, que construyen juntos la procesión más íntima del pueblo.

La Procesión del Silencio. 

 

JUEVES SANTO

 Amanece el Jueves Santo, todo parece distinto. Porque no es un día cualquiera, la muerte acecha y espera.

El respeto y el dolor son sentimientos que inundan nuestro corazón.

En mi casa el Jueves Santo se vive con Fe verdadera.

Resuena la voz de mi madre.

¡Niño…que hoy no se pegan voces!

¡Que hay que tener respeto!

Que ni se corre, ni se juega porque hay que acompañar al Señor.

Mientras tanto, el día avanza…

Todo está preparado; las túnicas planchadas con sus capas verdes, sus escudos que ella misma bordó y esos pañuelos blancos que relucen como el sol.

Llega la tarde y con ella los Santos Oficios porque antes de seguir al Señor por nuestras calles, hay que acompañarlo primero en su entrega.

En la Iglesia, un altar desnudo. Nuestro Señor se arrodilla y humilla para servirnos, dándonos ejemplo de cómo debemos amarnos mutuamente los unos a los otros.

Que nadie se olvide que el verdadero paso se da primero en la Iglesia, cuando el pueblo se convierte en oración y el silencio habla más que cualquier marcha.

Primero Dios, luego la calle.

Primero los Oficios, luego la procesión. Primero la Fe, después la emoción.

 

 

Cae la noche…

La oscuridad va invadiendo el pueblo.

En la Iglesia tus hermanos, Humildad.

Y se escucha una voz.

“Señores, al brazo, al brazo, al toque de campana”.

Que solo se escuche el rozar de los zapatos.

¡Que sus potencias no rocen el arco!

“Vámonos pa’ alante, mu’despasito, pa’la puerta”

“Quieto ahí abajo, al toque de campana, vámonos pa’ la calle”.

 (Tres golpes de campana y saeta)

 

Señor de la Humildad.

Señor callado y verdadero, que aceptaste la voluntad de tu padre.

Hoy te hablo, con voz de mujer que ha aprendido a creer, con mis años y con mi Fe.

Te miro, padre mío, y en tu silencio me reconozco.

No llevas grandeza ninguna.

Ni alzas la voz para ser rey,

te basta la mirada baja,

y el corazón abierto,

al dolor del mundo.

Humilde vas Señor,

 humilde caminas por tu pueblo,

que te reza las alegrías,

pero también, en las noches largas y puro llanto.

Aquí estamos Señor,

los de siempre, los de ahora y los que de lejos han venido.

Enséñanos que creer,

es ponerse siempre en pie,

sin orgullo.

Bendita sea tu mano,

esa sobre tu mejilla,

porque en ella,

caben todos nuestros errores,

nuestras culpas.

Bendita sea tu mirada serena,

porque nos enseña a perdonar.

Bendito sea tu paso lento,

que nos marca el ritmo,

del corazón de tu pueblo.

Bendita sea, esa manera de andar.

Quédate con nosotros, padre bueno,

enséñanos a caminar contigo.

Sierra de Yeguas, se hace oración.

“Quédate siempre conmigo”.

 

“¡Ya está Nuestro Padre Jesús de la Humildad en la calle!”

Y allí estoy yo, en la Iglesia, con mis dos amigos; Ángel y Laura, dos jóvenes a los que también les inculcaron la devoción y pasión por nuestra Semana Santa, al igual que a mí.

Justo antes de que el reloj marque las nueve y media de la noche. Todo está dispuesto…

Es la hora en la que la Fe se hace Cruz y la Esperanza se siente Madre.

Comenzamos con respeto, con un Padre Nuestro y la “Venia” del Hermano Mayor.

Sale el Cristo verdadero, el Cristo clavado en el madero, el que nos redime, el que no habla con palabras, pero grita amor desde sus llagas, junto a él,

Su madre, ESPERANZA.

 (Silencio Corneta)

 

Se oye la primera saeta, la canta José Aguilar “Tolico”, quien fuera querido hermano también de esta Hermandad, después le siguen otros y comenzamos a caminar.

La cofradía está en la calle…

Y el Santísimo Cristo de la Vera Cruz y María Santísima de la Esperanza, no es una Hermandad que se echa andar por las calles de Sierra de Yeguas…

Es la familia de Alonso Torres Rengel “Carlon”, la que vuelve a ponerse en pie, y la que se coloca detrás de nuestro Señor y su Madre, como quien se coloca detrás de su propia historia.

Porque hay familias que no solo pertenecen a una Hermandad… sino que la sostienen y la sienten como algo suyo.

Y ahí vamos todos; mis primos, mi ahijada, mis sobrinos y sobrinas, mis hijas y yo.

Unos visten de penitentes, otros portan a nuestros titulares y otras vestimos de mantilla, acompañando, rezando, con un solo motivo.

Cumplir una promesa, acompañar juntos a nuestro Cristo y a su Madre, demostrando que la Fe se hereda caminando junto.

Esta Hermandad tiene memoria, y tiene nombres que nunca se olvidan como el de mi tío Alonso Torres, quien por tantos años fuera el Hermano Mayor de esta Hermandad y Cofradía.

Años más tarde, mi primo Cristóbal, tomó su relevo, entendiendo que aquí se viene a servir, no a destacar.

“Aún hoy en día, la familia de la Carlota sigue estando presente en esta Cofradía”. En su directiva y como savia fresca que emana está mi sobrina Irene, testimonio vivo de una herencia que perdura y que nunca se pierde.

Hace dos años, esta Hermandad, camina bajo el mando de una Hermana Mayor; mujer firme, entregada y muy arraigada a esta Hermandad, también desde su cuna, como ejemplo su padre y complicidad de su hermano, a la que también como a mí, le enseñaron a venerar desde siempre a nuestro Cristo y Esperanza.

María del Mar, que el Cristo te de fuerzas y nuestra Madre Esperanza te cubra con su manto para llevar siempre a esta Hermandad a lo más alto.

El año pasado, cuando nuestros titulares salieron desde su Casa Hermandad, nuestro pueblo fue testigo de una salida espectacular, de esas que se graban en la memoria y se guardan en el alma.

Y todo esto fue señal de que esta Hermandad y Cofradía camina viva, unida, firme, y que siempre sabe a dónde va.

Para que cuando nuestro Cristo de la Vera Cruz y su Madre María Santísima de la Esperanza avancen, la noche se rinda ante su mirada y Sierra de Yeguas comprenda que no hay pena que no se consuele, ni cruz que no se alivie.

Porque mientras haya manos dispuestas, hombros que se arrimen, corazones fieles, mantillas dispuestas a rezar y una Esperanza que no se apague, nuestro Cristo y su Madre nunca caminaran solos.

                             “NOSOTROS SIEMPRE CON ELLOS”

(Marcha) 

 

VIERNES SANTO

 Se proclama la sentencia:

“Pilatos se lava las manos”.

“Jesús Nazareno inocente” ¡Condenado!

(Sermón)

Y pasó la madrugá, y llegó la amanecía, Viernes Santo.

El rocío de la mañana, hace brillar con intensidad los primeros rayos del sol que se reflejan en esa cara morena, esos ojos que llenan de emociones el corazón.

“Nazareno, un año más aquí estoy, a tu vera”.

Golondrinas curiosas, al igual que tu pueblo, se reúnen en la plaza, esperan con ansias verte.

Promesas por cumplir.

Un mar de túnicas moradas camina detrás de ti.

Serranos de bien,

que sobre sus hombros te llevan camino hacia el calvario.

Ahí viene Jesús, aceptando su Cruz.

Como el que abraza su destino,

no lo arrastra, la ofrece,

No camina solo, camina por todos.

En su rostro sufrimiento, cansancio.

La Cruz te pesa, te pesa como nuestras enfermedades, las ausencias, las despedidas, las promesas rotas y las no cumplidas. 

Pero sigues andando,

tú, siempre sigues.

Miro tu rostro, Jesús.

Rostro cansado y afligido,

Lleno de bondad,

Clemencia y Perdón.

Y me pregunto; ¿Cuántas veces no he sabido mirar así?

Hoy te rezo por mi gente,

por los que están,

y por los que ya no pueden verte.

Por los que caminan contigo,

y te acompañan hasta tu muerte.

La profecía de Simeón se ha cumplido:

“Una espada te atravesará el alma”.

María, en el templo escuchas palabras que anuncian tu dolor.

La Virgen de los Dolores cruza el umbral de su casa, después de que se haya proclamado uno a uno los siete dolores que atravesaron su alma.

Siete puñales.

Siete heridas de madre.

Siete silencios que no gritaron,

pero que dolieron más que cualquier llanto.

El murmullo se hace silencio; se acerca tu hijo.

¡Jesús Nazareno!

Entre toques de campanas y pétalos de flores.

Ya está en la calle nuestra Madre María Santísima de los Dolores.

Sé que eres Virgen Bendita,

Reina del Cielo y Madre de Dios,

Dolores de Dulce llanto,

rosa primera, pura de amor.

La de carita de niña,

y siete espadas de dolor.

Estrella de la mañana,

que reluce como el sol.

Pero hoy no he venío 

a decirte cosas bonitas,

“Pa” que las escuche el gentío,

he “venío” a rezarte,

y a darte el corazón mío.

Quiero contarte mis alegrías,

y compartir contigo mis penas,

tú las sabes, Madre mía,

pero hablarte me consuela.

Quiero darte tantas gracias,

como cosas me has dado buenas,

y pedirte que me perdones,

siempre encuentras la manera.

Madre mía los Dolores,

tu sabes como soy,

y de mi corazón sincero,

guíame por los caminos, que conducen a tu cielo. 

Jesús espera, su Madre llega, se miran,

el dolor y el amor se encuentran,

y en un instante todo se detiene.

Los ojos de la madre, recorren cada paso de su hijo.

Jesús continua su camino,

la Virgen se queda detrás.

Sosteniendo su pena.

Y cada paso de la procesión,

lleva el eco de aquel encuentro. 

Y cuando esta mañana termine Señor,

cuando vuelvas a tu Iglesia,

y tu pueblo se aleje,

permítenos llevarte dentro.

Déjame que te recuerde,

no solo como una imagen que procesiona,

cada Viernes Santo,

sino como el Dios,

que nunca abandona.

El Padre que cae y se levanta.

El Nazareno que nos enseña,

que el amor verdadero camina siempre,

hasta el final.

  

Gracias Señor;

Por volver a salir a nuestro encuentro.

Gracias Sierra de Yeguas;

Por seguir creyendo.

 

 La Virgen de los Dolores avanza hasta su casa…

Nuestra Señora de los Dolores,

vuelves de nuevo a tu casa,

tu pueblo se emociona,

con lágrimas en la cara.

Bendícenos Madre mía,

y consuela nuestras almas. 

 

Anochece, Sierra de Yeguas está de luto y espera para poder acompañar al Santo Entierro de Cristo y María Santísima de la Soledad.

Un pueblo que no abandona a nuestro Señor, y que acompaña a su Madre.

En silencio, mi amigo Fernando y yo seguimos sus pasos con respeto, con devoción, recordando que seguir a María en su pena, es unirse también a la mano que siempre nos sostiene.

Que el amor de Cristo no muera,

y la Soledad que nunca esté sola.

Que esta noche, no pase en vano.

Que cada paso que damos tras de ti Señor,

sea una lección de vida.

Que cada lágrima escondida sea un sentimiento de Fe.

Que el silencio nos atraviese el alma,

Y nos duela por dentro.

Porque solo duele de verdad,

Aquello que importa.

 

 Poco a poco vamos llegando a la Plaza, un escalofrío recorre las calles.

Emoción y recogimiento mientras doblan las campanas.

 (Campanas)

 

 El Santo Entierro de Cristo y María Santísima de la Soledad se funden en un solo lamento, y en cada esquina, la historia vuelve a suceder como si fuera la primera vez. 

Cristo yace muerto,

no hay palabra ninguna,

las calles se convierten,

en caminos sagrados hasta su templo.

Y recuerdan que todo se ha cumplido.

Pero no es el final,

es el silencio del sepulcro.

Ya nace la vida que vencerá la muerte. 

(Saeta) 

 

La noche es triste de luna,

ni siquiera hay estrellas,

que amparen tus amarguras,

y te consuelen tus penas.

Me duele tu Soledad,

María serrana pura,

quiero darte yo compaña,

y rezar a la vera tuya.

Son tus ojos la verdad,

que mi alma necesita,

Madre de la Soledad,

serrana, pura y bonita,

Guíame en mi caminar. 

 

SÁBADO GLORIA

 Hoy en Sierra de Yeguas, todas las hermandades están reunidas en la Iglesia.

Sin distinciones, sin colores, sin rivalidades, solo hermanos y hermanas, que aun cansados por todo lo acontecido en estos dos días grandes, siguen trabajando con ilusión y aún más con el corazón lleno de Fe.

Hoy no hay tronos en la calle, ¡Ya todo eso pasó!

Hoy toca recoger…

Las flores se retiran con respeto.

Bancos que se ordenan.

Suelos que se limpian.

Hoy la Iglesia, guarda luto, pero no pierde la Esperanza.

Se preparan con mimo los altares, porque sabemos que la muerte no tiene la última palabra.

Esta noche llegara la Vigilia Pascual, la Noche Santa de todas las noches, cuando la oscuridad se rompe con la luz y el cirio anuncia que: ¡“CRISTO VIVE”!

Noche de Esperanza, de promesas renovadas, de Fe que vuelve a nacer, porque mañana será un gran día para todos los cristianos.

Cuando la vida vencerá a la muerte,

y la luz triunfará para siempre. 

 

DOMINGO DE RESURRECCIÓN 

Cuando las tres Marías llegaron al sepulcro, encontraron la piedra abierta, y la voz de un ángel les dijo:

“Porqué buscáis entre los muertos al que vive”

Amanece en Sierra de Yeguas, y no es un amanecer cualquiera.

La luz llega distinta, más clara, porque sabe que ha vencido las tinieblas.

El sepulcro está vacío, la muerte ha sido vencida.

Desde bien temprano, todas las hermandades tenemos una gran cita, nos reunimos para acudir a nuestra Iglesia para celebrar la Santa Misa, en ella renovamos nuestro Bautismo y celebramos tu Resurrección.

¡Que privilegio tan grande tenemos todos los serranos!

Al verte “Jesús Sacramentado”, recorrer nuestras calles, acompañado de tus hermandades, tu pueblo te reza detrás, hasta que de nuevo entre cantares vuelves a tu altar.

Hoy no termina nada, hoy empieza todo.

 ¡CRISTO VIVE!

 ¡CRISTO HA RESUCITADO!

 ¡ALELUYA, ALELUYA!

 

  Dicen que la Semana Santa se acaba…

 Y no sé si así será…

 Tan sólo sé que mientras yo esté viva….

 Por mi parte no quedará…

 Hoy hemos hablado con dos voces,

 Pero un solo corazón,

 ¡La de una madre que recuerda!

 ¡Y la de una hija que sueña!

 Unidas por la Fe…

 Unidas por nuestro pueblo…

 Unidas por la emoción que nos hace sentir…

 

 ¡Sierra de Yeguas!

 Que nunca falte la Bondad, la Clemencia y el Perdón.

 Que nunca se acabe la Humildad.

 Que la Vera Cruz sea raíz firme y camino seguro.

 Que la Esperanza ilumine nuestro corazón.

 Que el Nazareno cargue con nuestras culpas.

 Que los Dolores nos reconforten en la pena.

 Que el Santo Entierro nos hable desde el silencio.

 Que la Soledad nunca camine sola.

 Y que Sierra de Yeguas sienta que su Semana Santa,

 Nunca termina….

 

 Porque mientras haya Fe y haya corazón…

 ¡La Semana Santa seguirá viva!

 ¡Viva el tiempo que he “vivio”!

 Con todo lo “sucedió”, pero también lo “aprendio” …

 Que se mantengan en el tiempo,

Tradiciones, recuerdos y sentimientos.

 Por los siglos de los siglos…

 ¡Viva este pueblo!

 ¡Viva Dios!

 ¡Y Nuestra Semana Mayor!