martes, 10 de abril de 2001

Pregón Semana Santa Sierra de Yeguas 2.001



Pregón Semana Santa Sierra de Yeguas 2.001


Este pregón fue organizado y presentado por la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, y el encargado de hacerlo fue un hermano cofrade de esta hermandad, D. José María Mancheño Luna, en la Parroquia Inmaculada Concepción de nuestra localidad, el día 7 de Abril de 2.001.

En este caso tenemos la presentación realizada por D. Juan José Oliva Borrego, pregonero de la Semana Santa del año 2.000, donde versa lo siguiente:

Muy buenas noches, agradecer a los representantes de nuestro Ayuntamiento y a todos los representantes de las diversas Hermandades de nuestra localidad, así como al pueblo y amigos todos en general, la deferencia mostrada asistiendo a este primer acto oficial de la Semana Santa 2.001.
Como ya sabréis todos, la pronunciación del Pregón Oficial de la Semana Santa de este año corresponde a la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno. A petición de esta Hermandad, a la que agradezco la consideración tenida con mi persona, intervengo en el acto de este pregón oficial en calidad de presentador del mismo y también al objeto de presentar al pregonero.
En mi modesta opinión, el Pregón Oficial de la Semana Santa debe ser un ejercicio de exaltación de esta semana mayor, de esta semana grande, de esta semana de arte, cultura y fiesta. Pero además, creo que debe ser exaltación de la vida, pasión y muerte de Jesucristo en la cruz, debe ser, en suma, una parada ante la cara triste, trágica y amarga de un hombre que murió en la cruz por todos nosotros. Porque realmente este hecho es el que se rememora y celebra.
Este año es una persona joven quien oficia de pregonero y que pretenderá fundir esos dos sentimientos cofrades, dándonos su visión sobre la Semana Santa de nuestro pueblo.

La Cofradía de Jesús Nazareno ha confiado este año la pronunciación del Pregón Oficial a un joven cofrade de la misma: a José Mª Mancheño Luna.

Titulado universitario superior, jesuista por parte de padre, a pesar de su juventud, puedo decir que José Mª, se ha significado desde pequeño por su afecto hacia la Cofradía de Jesús Nazareno a la que pertenece desde muy pequeño, estando ligado también por razón de su madre, abuelo materno y esposa a la Hermandad del Santo Entierro. En su joven vida cofrade, ha estado muy ligado a la Semana Santa de Sierra de Yeguas y a su Hermandad, en la que, desde los 17 años y en diversos periodos, ha desempeñado varios cargos directivos, como son el de vocal, segundo secretario, y, este año concretamente, el de mayordomo o capataz de paso.
Y sin más por mi parte, cedo la palabra a nuestro pregonero.

A modo de preámbulo quisiera agradecer a Juan José Oliva las palabras que ha dedicado tanto a mi Hermandad como a mí mismo y aprovechar para felicitarlo en el día de su cumpleaños que me costa que es hoy; agradeceros también a todos vuestra asistencia y deciros que es un orgullo y motivo de gran satisfacción para la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y para mí mismo, la oportunidad que se nos brinda este año de pregonar oficialmente la Semana Santa de Sierra de Yeguas.

En días pasados, le comentaba a nuestro párroco que había dudado en aceptar este especial encargo pues entendía que quizá sería más idóneo que una persona mayor que yo, con más experiencia cofrade, elaborara el pregón, sin embargo, él me respondió que también era muy interesante e importante que un cofrade joven explicara y mostrara su opinión y visión sobre la Semana Santa. Y a ello me dispongo a contaros y relataros sobre nuestra Semana Santa.
Como desde casa siempre, las puertas de nuestra Iglesia se preparan para abrirse y dar lugar a la escenificación de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Por las calles de este pueblo, por donde diariamente transcurre nuestra vida, procesionaremos a los Titulares de nuestras Cofradías y rememoraremos y experimentaremos la pasión y muerte del hijo de Dios, aquel que representa el amor de Dios hacia todos nosotros.
Se abrirán esas puertas y ante nuestros ojos se mostrará Jesucristo humillado, encarnecido, flagelado, condenado a muerte y entregado a la Cruz, crucificado, muerto y resucitado. Por unas horas el misterio de su muerte y de nuestra fe se nos mostrará para recordar el triste y cruel peregrinar del hijo de dios por este mundo de los hombres.
Nuestras Cofradías recorrerán esas calles y con imágenes, luces, cornetas, trompetas, tambores y muy diversos signos caminarán y procesionarán con Cristo en su penitencia y todo nuestro pueblo caminará con ellas, acompañando al Mesías en su difícil camino. Jesucristo caminará y nosotros con Él, a hombros o a su lado, su cruz será nuestra cruz y su sufrimiento el nuestro. Sus sudores y lágrimas se harán realidad, una vez más, en todos nosotros, cofrades y hombres de fe que, humildemente, reconocemos y agradecemos de todo corazón su sacrificio pro todos nosotros. Seremos sus compañeros de camino, alumbraremos su fatigoso andar con nuestros cirios y nuestro ruegos y oraciones le reconfortarán porque así comprenderá que su sacrificio no fue en vano.
Se abrirán esas puertas y ante nuestros ojos aparecerán bellas imágenes que encarnarán los misterios y sentimientos que envolvieron la pasión y muerte de Jesucristo. Belleza, mucha belleza, moldearon con sus manos Castillo Lastrucci, Navas Parejo, Santos Rojas, la escuela valenciana… todos ellos, en un difícil arte, dotaron a esas imágenes de belleza pero también de vida eterna, como Cristo Resucitado; imágenes que trascienden y se hacen vida por unos días, en Semana Santa.

La fe religiosa convertida en cultura, arte y tradición, eso es la Semana Santa.
Llega la Semana Santa a nuestro pueblo. En mi opinión, llega la fiesta más importante y la que más personal e intensamente vivimos los serranos, sólo comparable con el Día de nuestro Patrón San Bartolomé. Importante y yo diría que única por muchas cosas, pero, sobre todo, porque pasión, tragedia y religión se mezclan de manera muy atípica, intensa y honda.

La Semana Santa corre por las venas de los serranos durante todo el año. Aunque en estos últimos meses este sentimiento se hace más presente. Desde hace semanas llevo escuchando a nuestros saeteros orando a Cristo y a su Madre con sus saetas, cantar de nuestra tierra que se hace presente todas las primaveras, como decía el poeta; nuestros hombres y mujeres limpian y blanquean sus casas preparando así el camino blanco y eterno que recorrerán nuestros Titulares; nuestros queridos emigrantes retornan as u casa para peregrinar y procesionar con sus Cofradías en penitencia; y veo también el constante ir y venir de nuestras mujeres a los hornos del pueblo para elaborar esas magdalenas y suspiros y también piononos que nos endulzarán estos días de pasión y tragedia.

Sin embargo, detrás de esta Semana Santa, tras esos siete días, se esconde un año de trabajo y esfuerzo de los que a mi juicio, mantienen y reviven cada año la Semana Santa, y me estoy refiriendo a las Cofradías y, especialmente, a sus Juntas Directivas.
Las Cofradías son depositarias de la fuerte tradición cofrade de nuestro pueblo, y, en suma, son las hacedoras de nuestra Semana Santa. Año tras año trabajan y se esfuerzan por mejorar sus procesiones y con ello mejoran y hacen mucho mejor a nuestra Semana Santa.

Particularmente, siempre estaré agradecido a todos los hombres y mujeres que dirigen las Cofradías de nuestro pueblo, ya que, gracias a su trabajo y dedicación, me han permitido disfrutar de momentos e imágenes bellas e inolvidables. No hay duda de que una Cofradía depende fundamentalmente de sus cofrades, pero la capacidad de gestión y de trabajo de los que las gestionan es fundamental para encauzar por buen camino ese apoyo cofrade que es más intenso cuando va acercándose la Cuaresma. Muy especialmente quiero agradecer ese trabajo a los cofrades que dirigen a la Hermandad del Stmo Cristo de la Bondad, la más joven de todas y que todos tenemos muy olvidada, pues sin su labor estoy seguro que nuestra querida Pollinica quizá llevaría algunos años sin procesionarse.

Y por último, debo y quiero reconocer a todos aquellos que hicieron de la Semana Santa de mi pueblo más grande, más bella, más importante y que por desgracia hoy ya no se encuentran entre nosotros. A todos aquellos que se significaron especialmente por su amor a la Semana Santa Serrana, a aquellos que cantaron saetas, a aquellos que relataron y pregonaron sobre nuestra Semana Santa, a aquellos que fueron Hermanos Mayores, secretarios, tesoreros, directivos de cualquier cofradía, a aquellos que, en fin, trabajaron por devoción en nuestras cofradías y en nuestra Semana Santa…. A todos ellos, simplemente, agradecerles su dedicación y esfuerzo porque lo que hoy disfruto es también fruto de su trabajo.

Ha llegado la Semana Grande en Sierra de Yeguas. Y las puertas de nuestra Iglesia se abrirán y comenzaremos así, en un ejercicio de fe, a vivir un año más el Evangelio. Mañana mismo, las calles de nuestro pueblo se alfombrarán con las ramas de olivos de nuestros más pequeños que acompañaran a la Pollinica en su camino y entrada triunfal en Jerusalén, donde le saludaremos y vitorearemos como el Mesías, el hijo de Dios.
Antes de verlo humillado y condenado a su fin, los hombres y mujeres recorreremos en estación de penitencia las calles de nuestro pueblo en un ejercicio de comprensión de la vida de Jesús y de nuestra Fe cristiana, oraremos y rogaremos por Él y por todos nosotros ante Dios nuestro Señor.
Judas le traicionará y le venderá por treinta monedas, Pedro lo negará y Pilatos le condenará. Flagelado, humillado, y coronado de espinas saldrá Nuestro Padre Jesús de la Humildad. Pensativo y resignado caminará cabizbajo, con la cara apoyada en su mano, impasible. Cuanta dulzura y amor habrá en sus ojos. Los hermanos de la Humildad alumbrarán el caminar del rey de los judíos y acompañaran a Jesús en esas horas tan difíciles, en esas horas en que ya ha escuchado su sentencia de muerte y en el que, a buen seguro, las oraciones y vítores de nuestros entrañables “forasteros” servirán de confortación a tanta pena. A hombros le llevarán en un camino triste por nuestras calles, únicamente su cara brillará entre tanta tristeza.
La sentencia de muerte se ha ejecutado. Tras implorar a Dios por su desamparo y exhalar su espíritu, procesionará el Santísimo Cristo de la VeraCruz casi desnudo y muerto, clavado en la Cruz y a sus pies, tocada de verde, nuestra madre María Santísima de la Esperanza llorará amargamente. Todavía sus brazos, costados y pies nos muestran la sangre divina que ha derramado por todos nosotros. La tragedia se ha consumado y quien mejor lo sabe y lo entiende es su madre, nuestra Virgen de la Esperanza. No habrá consuelo para ella, llorará tristemente y con ella todos los hermanos del Cristo, que no la dejarán sola, le enjugarán sus lágrimas y le ofrecerán su hombro como apoyo para mitigar su pena. Y cuando por la calle Harina les suben, cuando el camino es empinado y esforzado y las fuerzas escasean, cuando la noche es más fría y algunos podrían abandonar, nuestros hermanos del Cristo le dirán a su Esperanza que no está sola, que apretarán el hombro y conducirán a Cristo al Templo, donde le ayudarán a su Virgen a desclavarlo de la Cruz y a quitarle esa corona de espinas, prueba de la humillación padecida.
La Virgen de la Esperanza no quiere mirar y no mirará a su hijo muerto, clavado a un madero y coronado de espinas. Su mirada siempre perdida al frente y, como su vestido verde esperanza, sus pensamientos estarán con su hijo … pero vivo, resucitado al tercer día.

Viernes Santo por la mañana. El tiempo se detiene y a las puertas de la Iglesia se asomará Nuestro Padre Jesús Nazareno, como decimos los jesuistas “el mejor de los nacidos”.
Sudoroso, ensangrentado, la mirada humillada, las mejillas amoratadas por los bofetones recibidos, con la boca entreabierta en una esforzada respiración, vestido de púrpura, con la Cruz a cuestas y la corona de espinas clavada en sus sienes. Todos los  que le aclamaron y vitorearon como el Mesías le han abandonado, le han traicionado y ello se ve también en sus ojos tristes y hundidos. Entre ruido de cornetas y tambores, de vivas apasionados y de lágrima de pena y también de alegría aparecerá Jesús Nazareno. Es la mañana de Jesús, la mañana de los jesuistas y del pueblo de Sierra de Yeguas.

Despuntara el Sol y nuestras blancas calles y casas se iluminarán alumbrando el trágico paso de Jesús Nazareno que, a latigazos, será llevado al Monte Calvario donde le crucificarán.
Las cornetas y tambores abrirán su paso por nuestras calles y la oración hecha saeta redimirá su pena y agonía. Azotado y humillado será conducido a la muerte, su muerte por todos nosotros. Pero no estará sólo, con Él, inseparables y a modo de cirineos, todos los jesuistas que con su hombro le ayudarán a llevar su cruz, y le aliviaran su corazón roto por tantos insultos y sufrimiento.
Y tras él, como siempre, nuestra madre, la Virgen de los Dolores. Desconsolada llorará en pos de su hijo, al que no alcanzará, en un camino interminable de angustia y dolor. Con su pañuelo al viento será llevada a hombros por los dolorosos que con ella llorarán y sufrirán el camino hacia su fin de Jesús Nazareno. Y en mitad de la calle La Cruz, casi llegando al barrio, se encontrará el Hijo con su Madre, la Madre con su Hijo. Será un breve instante donde sus miradas cómplices se cruzarán. ¡Cuántos recuerdos de infancia, su niño, Belén, también la aldea de Nazaret, toda una vida pasará por la mente de esa madre, rota por el dolor! Intentará la Dolorosa acercarse a su hijo para besarle, para secarle el sudor y la sangre que chorrea por su mejilla, y para refrescar su garganta. Pero su intento será en vano, a pesar de los esfuerzos de los jesuistas y dolorosos en acercarlos, en juntarlos, en abrazarlos. No servirá tu pañuelo Virgen de los Dolores. Y tú Jesús Nazareno, no podrás abrazar a tu madre ni reconfortante en su regazo, pero a través de tus hermanos jesuistas gritarás: ¡Madre no me dejes sólo, acompáñame! Y así será. Entre los varales la pena se mecerá y la Virgen de los Dolores acompañará a su hijo, a Jesús nazareno y le verá agonizar y morir.
La muerte del hijo de Dios se ha consumado. Las campanas tocarán a duelo y silencia y la noche se hará más noche, más negra. El Santo Entierro de Cristo procesinará por nuestras calles en un silencio grave. El hijo de Dios yace muerto en su sepulcro y el pueblo de Sierra de Yeguas vela por él. Ya no sufrirá más, ya no sangrará más ese cuerpo divino roto por tanto sufrimiento y dolor, Jesús de Nazaret en un profundo ejercicio de amor ha muerto en la Cruz por todos nosotros.
Tras el su Madre, nuestra Madre, María Santísima de la Soledad, sigue fielmente su camino con la cruz desnuda y las escaleras a su espalda. Coronada, con un vestido negro como la noche y con el corazón roto por la muerte de su Hijo. Su cara trágica. Y en sus manos abiertas el pañuelo que no utilizó y los clavos y corona de espinas del rey de los judíos, de su hijo. Los hermanos enterristas, en vano, intentarán calmar su llanto. No quedan ya lágrimas para llorar tanto sufrimiento y dolor, tanta pena y tanta desgracia. Y tampoco hay palabras para describir, a pesar de ese dolor y sufrimiento, la belleza inigualable e infinita de la Virgen de la Soledad.
Los hermanos enterristas mecerán muy lentamente su pena y le servirán el consuelo necesario y le darán todo su ánimo y esperanza, porque el hermano enterrista y con él todo el pueblo, al llevar siempre presente en su vida la imagen de Cristo, procesiona en la esperanza confiada del Señór Resucitado y vivió eternamente. Porque al tercer día resucitará.

Se abre la puerta de la Semana Santa serrana. Deseo que estos días de fe hecha cultura y tradición nos sirvan para comprender mucho mejor el sacrificio que Jesucristo hizo por todos nosotros, pero también para que su enseñanza y mensaje lo apliquemos diariamente en nuestras vidas, viviendo siempre en la confianza de Dios nuestro Señor.
Y que, por supuesto, nuestras oraciones, aplausos, saetas y vivas suenen mejor que nunca para acompañar a Jesús en su trágico peregrinar hacia la Cruz.

Ya se oyen serranos las oraciones,  la voz del capataz llamando al orden a los hombres de trono y el toque de su martillo sobre la campana, ya se escucha la saeta, la corneta y el tambor….ya se dispone a salir pueblo de Sierra de Yeguas, el Hijo de Dios.