Sin duda, una bonita celebración que comenzó con una monición de entrada algo especial por el significado de su celebración, a continuación os dejamos dicha monición de entrada:
Queridos
hermanos, tengan muy buenos días (tardes, noches). Sean bienvenidos a la
celebración de esta Santa Misa.
Llegamos
con la Iglesia al final del año litúrgico la Solemnidad de Jesucristo, Rey del
universo, celebración que lleva a su término el recorrido anual por los
misterios de la vida de Cristo.
Para terminar
el ciclo del año, la liturgia no nos lleva al triunfo definitivo de la
resurrección, ni a la exaltación gloriosa de la ascensión o de pentecostés.
Para
alcanzar la cima del año litúrgico, la Iglesia nos lleva al momento trágico de
la pasión: Jesús, azotado, maltratado y humillado, como cordero llevado al
matadero, es entregado por las autoridades judías a Pilatos, quien le
interroga. ¿Eres tú el rey de los judíos?
En el
misterio de la pasión se desvela el auténtico sentido del título Rey dicho de
Cristo. El ángel en la anunciación había presentado a Jesús, el Hijo de Dios,
como rey. Jesús mismo se presenta como Rey en la parábola del juicio final.
El Rey de
reyes y Señor de señores enseña con su vida lo que anuncia con sus palabras:
vencerá la muerte muriendo; derrotará el pecado con la mayor ofrenda de amor;
reinará humillándose hasta la muerte y muerte de cruz. Lección inconmensurable
de humildad infinita: no hay redención sin abajamiento hasta el extremo, no hay
salvación sin humildad ilimitada. La soberbia del Maligno es vencida con la
humildad infinita del Hijo.
Con la
Solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, concluimos el año litúrgico,
ensalzando una vez más el señorío de Cristo. Él es el Alfa y Omega, el que es,
el que era y el que viene, el Todopoderoso. Cristo vino al mundo para
testimoniar con su vida la verdad y el amor de Dios.
Escuchemos
su voz y oremos para que venga a nosotros el reino de verdad y de vida, de
santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz.
Ante el todo es más fácil, todo tiene un comienzo, y un final, y como ya hemos comentado llegamos a la celebración del final del año litúrgico, y comenzamos la misa del domingo.
Un día y celebración muy bonita, con la colaboración de la parroquia, las catequistas y los niños y niñas que en los próximos años celebraran su comunión.La Santa Misa, trascurrió como suele suceder de manera solemne tranquila y bella, llegando al momento de nuestra intervención con la oración preparada a nuestro titular como Cristo Rey...
Oración
a Nstro. Padre Jesús de la Humildad
Cristo Rey
El Señor reina, coronado de majestad.
El Señor reina, vestido
de majestad.
Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde
siempre, y tú eres eterno.
El Señor reina, desde
su inmensa humildad.
Saludo: Padre Nuestro.
Evangelio:
«Tu nación, y los principales sacerdotes, te han
entregado a mí. ¿Qué has hecho?
Respondió Jesús: «Mi Reino no es de este mundo. Si
mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese
entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí».
Entonces Pilato le dijo: «¿Luego tú eres Rey?».
Respondió Jesús: «Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto
he venido al
mundo: para dar testimonio de la verdad».
Reflexión:
La realeza
de Cristo va más allá de los parámetros humanos. «Jesús es Rey, pero su reino
no es de este mundo. El mundo de Jesús, de hecho, es el nuevo, el eterno, que
Dios prepara para todos dando su vida por nuestra salvación. Es el reino de los
cielos, que Cristo trae a la tierra derramando gracia y verdad. El mundo, del
cual Jesús es Rey, redime la creación arruinada por el mal con el poder del
amor divino que libera y perdona, que da paz y justicia».
El reino de
Cristo es el amor. Es un reino espiritual, que se encarna en el mundo y anhela
imperar en nuestros corazones para darnos vida eterna. «Pero esto es posible
sólo porque no es la soberanía de un poder político, sino que se basa
únicamente en la libre adhesión del amor; un amor que responde al amor de
Jesucristo, que se ha entregado por todos.»
Pidamos a
Dios que nos ayude a anunciar Su vida, no nuestra vida, Su palabra, no la
nuestra; a proponer con nuestro testimonio un estilo de vida distinto en mitad
de nuestro mundo.
Lo hacemos
en un momento de silencio.
Oración:
Señor Jesús, Rey pobre y humilde,
haz nuestros corazones mansos y humildes como el tuyo, ayúdanos a reconocer
nuestra necesidad de ti, a abrirnos a tu gracia para que, transformados por tu
amor, recorramos el camino de las bienaventuranzas para que reines en nuestras
vidas, y así podamos colaborar en la construcción de un mundo más justo,
fraterno y solidario, donde todos puedan experimentar la alegría de tu Reino.
Llegados a este punto y antes de finalizar nuestro querido párroco D. Francisco, procedió a presentar a los niños y niñas de comunión, un momento intimo, bonito y con sus momentos graciosos. Posteriormente daría paso al devoto besapíe a nuestro titular.
Finalizado el acto , al igual que días antes procedimos a la colocación de nuestro titular en el altar, procedimos a retirarlo y colocarlo donde el nos espera cada día, cada momento, cada instante, en su capilla....paciente y humilde como siempre.
Gracias, a todos los que nos acompañasteis en un momento tan especial. Ya se acerca el adviento, preciosas fechas para prepararnos y ahondar en nuestros sentimientos mas cristianos, fe, caridad, etc... Vivámoslo tal como Él nos enseño.