miércoles, 20 de enero de 2016

Pregón Semana Santa Sierra de Yeguas 2.010


Pregón Semana Santa Sierra de Yeguas 2.010 

Este pregón fue organizado y presentado por la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Humildad, tuvo el honor de realizarlo nuestro hermano cofrade D. José Antonio Ruiz Lopez, en la Parroquia Inmaculada Concepción de nuestra localidad, el día 6 de Marzo de 2.010.

A mi familia, mis hermanos y amigos cofrades,
por todo el calor recibido
y por tantos momentos compartidos.

Entrada.

Gracias Puri, por la presentación. Creo que quizás no la merezca, tus cálidas palabras nacen de los sentimientos y momentos que hemos compartido por esa hermosa afición que nos une, el teatro, no tengo palabras de agradecimiento para una persona como tú, por tu manera expresarte y de decir las cosas.


Salutación y dedicatoria.

Aquí me tienen:

Recién entrado marzo, inseguro y abrumado por encontrarme ante todos vosotros, que sois, Semana Santa vivía, con el temor de no haceros llegar nada que no sepáis, e más, debería ser yo, el que tendría que bajarme de aquí y aprender de vuestras experiencias, por que sois vosotros los que habéis vivido más que yo, y los que deberíais de explicarme a mí, que es la Semana Santa de Sierra de Yeguas.

He de estar agradecido a la junta de gobierno de mi hermandad, por haberme propuesto como pregonero de esta Semana Santa. Y la verdad sea dicha, el día que los vi llegar a mi casa, tan serios, no imaginaba lo que estaban a punto de proponerme, les dije que sí, en ese mismo momento, pero…. después, pensando me dije: ¡Dios mío! En el lío que me he metido, y esa preocupación fue cambiando poco a poco en un sentimiento que hoy es un orgullo y una gran satisfacción el haber aceptado su propuesta.

Mi gratitud también a vosotros:
Señor párroco, autoridades, Hermanos Mayores y directivos, amigos y familiares que habéis tenido a bien de venir a escucharme.

Y os ruego, me permitáis, dedique este pregón , el primero y quizás el único de mi vida a mi familia y en especia a mis padres, con la certeza de que están siendo mudos testigos desde la otra vida.

Por razones de mi profesión, como todos sabéis, he tenido la enorme suerte de poder trabajar en todas las hermandades y compartir cálidos momentos, con esas personas que dan su tiempo y su trabajo, desinteresadamente, por su hermandad a lo largo de todo el año, no sólo en las ocasiones de mayor lucimiento durante las procesiones, sino también en un trabajo  silencioso y anónimo en mil y un problemas que una hermandad tiene que resolver a lo largo de todo el año. Trabajos dichos se a de paso, que no se apuntan en ningún libro, ni es grabado por ningún video comunitario, sin embargo, es donde a veces he visto mayor colaboración y hermanamiento entre personas de muy distintas edades, y posiciones sociales. A todos ellos también quiero dedicarles este cúmulo de pensamientos, reflexiones y sentimientos que a continuación me dispongo a contaros.


Sentimientos:

¡Ya estamos en Semana Santa!    

Una frase que a todos nos llega a trasmitir “algo”  en el corazón y más, cuando en mis primeros años la escuchaba pensando en lo que todos, de niño hemos sentido: …. Que si la anda que traen, que si las túnicas. ¡No la tengo todavía! que si mis santo es el mejor… Hasta que llega el día…

Me vestía mi madre,

… Madre, al escribir esta palabra, me paré durante unos segundos. Se me hizo muy grande cada una de sus cinco letras recordando aquellos momentos.

Despues, iría cogido de la mano de mi padre,
…Padre, sabía, que me tocaría nombrarlo después, y estuve lo mismo. Recordando cuantas cosas hace ese nombre por sus hijos sin nada a cambio.

Gracias mama y papa, os tenia que nombraros por este día tan emotivo para mí.

Entonces, él me dejaba en la fila a una edad en la que aún ignoraba la enorme dimensión y el pleno significado de los acontecimientos que se desarrollaban durante esas fechas, solo que quedaba admirado por el aspecto  más deslumbrante y exterior del momento:
Las bandas de música, hombres cantando de una manera inusual, personas llorando al ver de pasar las imágenes o cuando se volvía el paso a una persona enferma sin comprender el porqué, de muchos de esos gestos.

… Pero pasa el tiempo…

Se hace uno mayor y va cayendo en la cuenta de los años que ha vivido, de todas las veces que salía de la casa de mis padres para la procesión, de todos los momentos compartidos con amigos y familiares, de todas las emociones guardadas junto a pequeños recuerdos.

Ahora salgo de mi casa acompañando a dos nuevos hermanos pequeños, y me dejo parar un poco y ellos se adelantan, y los veo como caminan diligentes hacia nuestra casa hermandad….. Y revivo la ilusión con la que disfrutaba de niño.

Los dejo a ellos en la fila igual que me dejaba a mí, mi padre.

Y llega el momento más esperado por todos mis hermanos: Procesionar  a mi Sagrado Titular.

Voces en la iglesia, nervios a flor de piel, tensión en los gestos y concentración, para que en esos primeros movimientos no cometamos errores, todos dependemos de todos y sobre nosotros se palpa la fuerza contenida del mayor responsable en esos instantes , nuestro hermano:

El mayordomo de paso.

Me coloco el antifaz que me hace sentir una persona invisible a los ojos de los demás, porque cuando te colocas el antifaz ves otro mundo, ves personas sonrientes, personas llorando por la emoción contenida pidiendo por dificultades que atraviesan en sus vidas, ves el saetero cantando con un sentimiento que algunos no comprendemos en ese momento pues nuestra atención como portadores de trono esta fijada en otros deberes y permanezco como espectador, callado y anónimo.

Miro hacia el lado y veo a un joven hermano que coge por primera vez el paso, en relevo de su padre que es de esta hermandad. Me provoca una sensación de alegría y me hace pensar que el peso de la tradición comienza a llevarlos hombros con esperanza de futuro.

O como ese hermano que esta junto a mí en el varal y todos los años se escapa unos instantes para nunca perderse la salida del paso del Cristo, y cuando le pregunté porque es tan fiel al mismo gesto año tras año, con solo cinco palabras me explico muchas cosas.

Mi abuelo era del Cristo.

Ahora sé que en honor a su memoria, el lo ve salir todos los años y me doy cuenta, de que , ahí, ¡ahí! en ese gesto, existe un sentimiento de hermandad.

Acercándose ya e final de la procesión, dos frases sentencian el cierre de nuestro paso, una sale siemmpreo por boca de nuestro capataz para animarnos a último esfuezo cuando tras varias horas de proecesion el cansancio comienza a apoderarse de nuestros cuerpos:

¡Vamos señores!, ¡ya nos queda poco!
…. y la otra, más que una frase, es murmullo, expresando un sentimiento entremezclado de satisfacción y tristeza: “otro años más”.

Pero esto es parte de mi propia experiencia, la Semana Santa que vivimos todos comienza el Domingo de Ramos con la salida triunfal de Jesús de la Bondad.

Su mismo nombre lo dice, con que gran bondad entraste en Jerusalén hacia su gente, te recibieron como un rey, entre vítores y palmas y ramos de olivos, con la misma ilusión que los niños te acompañan el Domingo de Ramos  por las calles, y es que a veces para comprenderte deberíamos mirarte con los ojos de un niño, despojados de todo los prejuicios y complejos materiales, iba humilde y a su vez lleno de alegría, como esperamos todos nosotros ese Domingo de Ramos, anunciación de nuestra Semana Santa.

Que comienza a exteriorizarse el Martes y Miércoles Santo con una manifestación pública de Fe y penitencia por las calles de nuestro pueblo, en una procesión llena de sencillez. A su vez nos inicia a cada uno de nosotros en un viaje interior que nos llevará a vivir la pasión y muerte de Cristo.

Ese acompañamiento comienza a surgir el Jueves Santo por la noche.

El pueblo te espera y tus hermanos te seguimos. Sin embargo tú, pareces ausente, solo, ensimismado en el cúmulo de hechos que ate han sucedido, al que nosotros permanecemos ajenos. Tu mano refleja el cansancio y el abatimiento por el abandono de los tuyos, ¡hasta Pedro!, ¡tú discípulo más querido!, te ha negado tres veces. Jesús, tu que eres el rey de reyes te encuentras ahí, solo, despojado incluso de tus vestiduras, como el más humilde de entre todos los hombres. Pero nosotros en silencio y con orgullo te portamos compartiendo ese momento de soledad y angustia antes de tu crucifixión, intentando llevarte con la mayor humildad posible para que tu situación sea la mas corta espera de dolor.
Se cierra la noche, las luces se apagan y sobre la plaza cae un sombrío velo, y en esa noche oscura y con el desolador acompañamiento de una corneta solitaria, hace su salida el Cristo de la Vera Cruz y María Santísima de la Esperanza. En nuestro pecho se recibe una sensación de ese trance de silencio que tuviste antes de tu muerte, pero tu madre está ahí, no te ha abandonado, nos llena de esperanza, para que veamos una luz en nuestras vidas, esa mujer es la única luz que te consuelo en esa desdichada noche, igual que sus hermanos lo llevan con todo el cuidado posible para que su sufrimiento no se largo y agonioso.

Esperanza 
Tu rostro no tiene nombre 
no sé si es belleza o ternura 
no sé si es dolor o amargura 
Porque aún tu alma está abatida 
de contemplar junto al madero 
a Jesús en la cruz sufriendo 
a Jesús perder la vida.


Pregón de la mañana. Nuestra Iglesia es un hervidero: Diálogo cantado de narraciones, de hechos y de recuerdos. En el aire se palpa la sentencia para el Galileo. Solo nos queda procesionarlo y esperar el instante en que sale la imagen de Jesús el Nazareno.

Siempre me estremezco ante su gesto afligido por el peso del madero, es como si cargara con los pecados de todos nosotros. Los hermanos Jesuistas quisieran ayudarles a compartir ese amargo sufrimiento, sacándolo de rodillas, acompañándolo entre túnicas moradas y saetas que se elevan sobre los susurros del pueblo. Expresión de penitencia para pedir perdón,  por nuestro pecados con ese sencillo y humilde gesto.

Pero los nazarenos quisieran cambiar la historia, y en vez de que tus pies desnudos pisaran piedra, y que tu cuerpo arrastrase una cruz, ellos cargarán sobre sus hombros tu tormento y cubrirán de flores el doloroso camino que has de recorrer para encontrarte con tu destino.

En esa mañana del Viernes Santo mientras se aleja lentamente el Nazareno van pasando minutos que se hacen horas, se hacen eternos hasta que entre varales, bajo palio, y su manto negro de terciopelo, aparece bajo el son de una dulce melodía, nuestra imagen, su madre, María Santísima de los Dolores. Madre a la que pedimos en oración, madre que nos alivia el dolor de nuestros corazones en los momentos difíciles de nuestra vida.

¡Madre serrana por tradición! 

De forma pausada se abre la mañana, ya se acerca el momento que toda Sierrra de Yeguas espera:

El encuentro.

El encuentro de la madre, Nuestra Señora de los Dolores, con su hijo Jesús de Nazareno que camina hacia la muerte.

Admirado, contemplo a esa madre con el dolor que aplasta su corazón y la peno de no poder aliviar el sufrimiento de su hijo, desgarrada por abrázalo en esos instantes del encuentro, mientras los hermanos dolorosos, tratan de cumplir ese deseo para que pueda alcanzar con sus manos el rostro de su hijo.

Lentamente, sin que nos percatemos, el día se va apagando, para entrar con sigilo en la noche del Viernes Santo, noche de respeto, noche de reflexión, noche de recuerdo, noche del Santo Entierro.

Cristo a muerto, doblan a difunto, Sierra de Yeguas llora. En silencio y seriedad, aparece Jesús yacente, con el cuerpo destrozado por el odio de los hombres, esos que pocos días antes lo alababan, ahora lo han matado.

Y un rosario de hermanos, cubiertos de luto abrazan tus varales con dolor y acompañan a tu madre en esa cruda noche de soledad.

Cristo real, humano, Cristo yacente 
Que me hables de la vida 
y que me hables de la muerte 
Creo en Dios, porque en ti creo 
y en ti, porque en tu rostro veo 
Amor después del martirio 
Amor después de reo.



¡Soledad!

Que nombre tan hermoso y que tiste situación, cuando sale la imagen de Nuestra Virgen, por las calles de Sierra de Yeguas, desesperada y triste, camina sin saber a dónde ir, camina con sus penas y amarguras.

La Soledad
Sierra de Yeguas, Soledad quisiera
no ver tristeza en tu cara
sino una sonrisa en tus labios
ver la paz en tu mirada

Ya se cierran las puertas del templo, concediéndonos un último privilegio, de poder mirar su hermoso rostro lleno de tristeza y desconsuelo, mientras la Semana Santa llega a su fin con el solitario toque de un tambor en la noche.

Sin darnos cuenta llegamos al Sábado, donde todas las hermandades pasan la mañana en un nervioso ajetreo, un ir y venir de personas con flores tronos y enseres. Para que otro año volvamos a vivir la pasión con la misma ilusión que cuando éramos niños.

Solo queda, que nuestros corazones vestidos con las túnicas de las hermandades sean verdaderamente, corazones de hermanos, y vivamos conforme al ejemplo de Jesús, no hoy ni mañana, ni pasado… sino durante todo el año.

Espero que mis palabras os hayan servido para adentraros en la Semana Santa que hoy os anuncio así como os lo he contado, es como veo yo la Semana Santa de Sierra de Yeguas.


 ¡Muchas Gracias!


Al termino del pregón se vivió un momento de aplausos , y el pregonero dio paso a la presentación del Cartel de Semana Santa con las siguientes palabras: 


Mientras todos nosotros vivimos en un mar revuelto, a veces, de alegría, otras de tristeza, de preocupaciones, de emociones. Él, nos custodia en el atardecer, desde el cielo de Sierra de Yeguas con la paciencia y humildad que representa. 



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