viernes, 5 de febrero de 2016

Pregón Semana Santa Sierra de Yeguas 2.015


 Pregón de la Semana Santa de Sierra de Yeguas 2015  

    Este acto fue organizado y presentado por la Hermandad del Santísimo Entierro de Cristo y María Santísima de la Soledad y la elegida para realizarlo fue una hermana cofrade de esta hermandad, Dña. Inmaculada Carballo Montero, en la Parroquia Inmaculada Concepción de nuestra localidad, el día 7 de Marzo de 2.015.



Entrada

  -Aquel día fue como si el alma de mi hijo Jesús, se le viniera abajo, como si el mal del mundo fuera más fuerte que Él.

Como si descubriera que ya no había más salida para salvar al hombre que su muerte.

Yo, María, Madre de Jesús, que he llorado tanto, hubiera dado todas mis lágrimas por evitar las suyas.

Pero nadie podía salvar al mundo sino Él, y yo acepté dejarle descender a la muerte repitiendo otra vez:” He aquí la esclava del Señor”

Y aquella tarde, Él y yo, comenzamos a morir.


                                                         
Salutación.
 
Estimado Párroco, Autoridades, Hermanos Mayores y cofrades de nuestras hermandades, familiares, amigos, serranos y serranas en general, GRACIAS, a todos, por acompañarme en este acto tan importante y por mostrarme, la atención y el apoyo, tan necesarios para mí, en estos momentos.

Gracias, también, a las personas que, de alguna manera, me habéis ayudado.



Sentimientos.   

Un viernes, cansada de la jornada compartida con toda mi familia y sobre todo con mi nieto Nicolás, comienzo a relajarme. Suena el teléfono. Lo cojo. Es una voz muy conocida para mí. La voz de un amigo, Juan Sánchez. Me dice que se va a pasar por casa junto a la Hermana Mayor y la Secretaria de la Hermandad del Santo Entierro de Cristo y María Stma de la Soledad. Quieren hablar conmigo. Muy sutilmente y con destreza verbal, me comunican, el verdadero objetivo de aquella visita        “Queremos que tú hagas el Pregón”

 La palabra, Pregón, aún tiene eco en mis oídos. Sentí y siento miedo de estar en el lugar que hoy ocupo. Nunca me imaginaba que pudiera ser pregonera de nuestra Semana Santa.

En aquel mismo momento, recordé a mi padre, a mi hermano Carlos y por supuesto a mi querida hermana Pilar; cómo ellos, durante años, habían dedicado con amor y entrega, parte de su tiempo para engrandecer a esta Hermandad del Santo Entierro de Cristo y María Santísima de la Soledad.

Más tarde valoré, que siempre me he sentido y me siento parte de dicha Hermandad. Así que, acepté.
    
Pasaron días. Mi mente no descansaba. Me preguntaba ¿por dónde empiezo? Hasta que tomé una decisión:

“Inma, sé tú misma”. Expón, tus experiencias y sentimientos personales vividos durante la Semana Santa. Me puse en las manos de Dios. Él me ha guiado. Y aquí estoy.
                                          
Las circunstancias familiares, debido a una enfermedad de mi padre, me desgajaron de mi hogar; experiencia dura para una niña de 5 años.

De Archidona, ciudad dónde me trasladaron a vivir con mis tíos, parten mis primeros recuerdos sobre Semana Santa.

En mi memoria, una imagen- El Dulce Nombre de Jesús-

Intento hurgar en ese recuerdo y me pregunto,¿por qué esa imagen?
Clara y firme me viene la respuesta. El Dulce Nombre, es un Jesús Nazareno portando una “cruz inmensa y muy pesada”.

Una cruz que, sin saberlo con aquella edad, fue, es y será el soporte de mi caminar por la vida.

Sí, una cruz, que a todos los cristianos, nos identifica. Nos debe servir como compromiso de amor a ese Jesús muerto y resucitado y a ese, nuestro prójimo deshumanizado, en estos difíciles momentos.

Sí, una cruz que por defenderla, actualmente están matando a cristianos. Cristianos como tú y como yo. Cristianos que son degollados, crucificados o enterrados vivos.

Sí, una cruz que cada martes y miércoles Santo, acompañamos para hacer un recorrido, silencioso y de oración, por las calles de nuestro Sierra de Yeguas. En plegarias o acción de gracias. Según cuenta nuestra tradición.

Sí, una cruz que es común, para todas las Hermandades. La Cruz que nos Guía en cada uno de los recorridos penitenciales, y que con tanto amor y esfuerzo la llevan sus portadores.

Sí, una cruz que sin Jesús, no tiene sentido completo para un cristiano. Jesús al morir en ella, por Amor a nosotros, la dignificó.

 (Pausa silencio)   
                       
 
Ya en casa de mis padres, una mañana sobre el año 67, vivíamos un ambiente diferente. La costurera de turno, Teresa, cortaba y cosía telas blancas y negras, para convertirlas después en túnicas, cinturones, capas, antifaz, banderas…¡Todo debía estar a punto!

Les oía decir. Y aún suena en mis oídos, sus palabras llenas de emoción y empeño.
 - ¡Este año sale nuestro Santo Entierro y Nuestra Soledad!!-

Unos fervorosos hermanos cofrades, como consta en acta de aquellos años, habían adquirido, el compromiso de sacarlos en procesión, la noche del Sábado Santo.

Sin nazarenos. Sin portadores de tronos, pues iban sobre ruedas. Sin medios económicos. Con esfuerzo en común. Mucha fe, ilusión y sentimiento, vimos de nuevo, a nuestros sagrados titulares, haciendo la carrera oficial por las calles de nuestro pueblo.

Así es como volvió a renacer, “el espíritu cofrade enterrista”y que actualmente sigue vivo y comprometido socialmente.

Y continuando con los recuerdos, deseo destacar, los que me llevan ya de maestra, a mi Escuela en Navahermosa. Allí, la Semana Santa, se vivía de forma peculiar.

Por trono, un banco. Las flores, silvestres: jaramagos,  margaritas, amapolas, lo que había. Por tambores, garrafas de plásticos. Cada alumno, en su fantasía, vivía intensamente su fervor cofrade, inculcado, por las vivencias familiares.  

En aquellas procesiones, todos los penitentes eran iguales en sentimientos y fervor. Todos unidos. Buen ejemplo ante Dios.

Aquellas costumbres infantiles, germinaron y dieron su fruto. Actualmente tenemos, a la joven Hermandad del Stmo Cristo de la Clemencia y del  Perdón.

¡Felicidades cofrades! por vuestra constancia y devoción a este Cristo que, con tanto amor, sacáis cada Lunes Santo en procesión.
                               
Sería injusta, al no recordar también, mis vivencias de Semana Santa, en el Colegio Stma Trinidad.

( pausa ) 

Penitentes hechos de papel, todos en filas, decoraban los pasillos y las clases; en éstas, a veces, eran de plastilinas.

Los mejores momentos, vividos por mis alumnos, fueron, cuando hacíamos la exposición de tronos.

¡Qué lujo y qué precisión había en aquellos pequeños pasos!

 Aún me emociono recordando sus tiernas voces….
            
            ¡Seño, mira mi trono!!
            ¡el de mi Virgen, la mejor!
            -Pero, hombre, por qué dices eso,
            si la Virgen es igual para todos,
            es, nuestra Madre de cielo,
           ¡ Es, la Madre de Dios!-
            No seño, mi Virgen es especial.
            Se llama, como mi madre, SOLEDAD.
             y hasta se parece a Ella.
            Cuando mi padre, emigra a otro país,
            para poder trabajar,
            mi madre, coge un pañuelo,
            limpia su lágrima al llorar,
            y mirando hacia el Cielo,
            pide a Dios, que le ayude,
            ante tanta angustia y soledad.
            Ve seño, ¡cómo se parece, mi madre,
           a la Virgen de la Soledad!

    -Esperad, ahí llega Vicente, otro trono trae acá-.
          
             ¡Mirad, es mi Borriquita!! Qué bonito,¿ verdad?             
            -Bueno, hombre, será  el Señor de la Bondad.-
             Da igual seño.
             Mi abuela me ha ayudado,
             a este trono acabar,
             y me ha contado, que para Jesús,
             los niños, son su debilidad;
             que curó a un niño cojo,
             que les hablaba de amor,
            de respeto, obediencia y  de amistad.
             Y me dice siempre ella:
             ¡¡Vicente, hijo, esto, nunca lo debes olvidar!!
            
     -Cada día traen más tronos, todos ellos, porteados por la ilusión, de estos pequeños cofrades serranos.-
   
           El mío, seño, es, el de cada año,
           lo repaso un poquito, y me lo traigo.
           Conmigo está cada día,
          “mi Humildad”
           para mí, seño, es un amigo de verdad.
           En cada flor de su monte,
           hay un azote brutal, mil burlas,
           y una corona de espinas,
           preparada, para sus sienes pinchar.
           Mi padre, me ha enseñado,
           que Jesús era humilde,
           es decir, humano,
           que curaba a los enfermos,
           y le daba de comer,
            a los más necesitados.
           Que debo aprender de Él,
           Y ser, cada día, más solidario.
           
         
          ¡ Mirad, mirad el mío!.
             -Aquí llega José Antonio, con su cuerpo de hombre y alma    de niño-

                No le falta ni un detalle;
                 candelería, velas, palio,
                corona, flores y manto bordado,
                 los adornos en sus varales,
                 y por trono,
                ¡uno muy grande ! como Ella.
                la Virgen de los Dolores.
                Un puñal atraviesa su pecho,
                símbolo de muchas penas,
               dolores y sufrimientos.
             
       -¡Con cuidado pequeña, no corras, aún hay tiempo!!
La exposición no está completa sin el Cristo de la Vera Cruz  y  María Stma de la Esperanza, su Madre, y ya los traes tú.-
                
               Corriendo vengo de casa, seño,
                mi trono no puede faltar,
                el Cristo de la Vera Cruz es,
                con su Madre de la Esperanza,
               que a sus pies llorando está.
               Ella nos enseñará,
               a querer, a perdonar,
              y le pide a los cofrades,
              sean ejemplo en el bien obrar.

 (Pausa)  
          
-Me asomo al pasillo para pedir silencio y, aquí se presenta Javier, jesuista hasta los pies, trono en mano, entonando  este poema.....
 
                          Es mi Jesús Nazareno,
                          caminando hacia el Calvario,
                         con el peso de la cruz,
                          peso, de nuestros agravios.
                         Túnica morada llevas,
                         claveles rojos en tu monte,
                         símbolo del gran amor,
                        que profesaste a los hombres.                       
                             

       -Todo está, ya colocado, cuando llega  Alberto, sonriente, bonachón y regordete.
                       
            Aquí tienes seño, mi trono del Santo Entierro.
             Yo quiero ser de mayor,
             capataz de trono de mi Señor,
             ¡como mi abuelo!,
            que desde el cielo me lo inculcó.
             Lo llevaré despacito, en silencio,
             con respeto y mucho amor,
             por las calles de mi pueblo,
             elevando una oración.
            ¡Ésta es mi gran ilusión !.
                                         
  (Pausa)      
               

Durante los días de la Exposición, el colegio es un hervidero, no hay otra conversación, entre los penitentes y cofrades pequeños; que si mi santo es el mejor, que si mi Virgen es más guapa, que si la banda que viene nos ha costado un montón, que sí......

Entonces reflexiono y observo, cómo aquellos niños, son los jóvenes que actualmente han ido y van adquiriendo responsabilidades dentro de las Hermandades.

Y me pregunto:

¿Qué es para ellos la Semana Santa?

 ¿Qué significado tiene una Cofradía o una Hermandad en su alma de cofrade?

 ¿Qué sentido tiene ser cofrade o penitente?
   
Pues bien, para todos nosotros, los creyentes, la Semana Santa, debe ser una celebración religiosa llena de muestras de fe, esperanza y Amor.
       
Las Hermandades y Cofradías religiosas se crearon hace quinientos años, con el fin de llevar el Evangelio a la calle; a los creyentes y a los no creyentes.

La Fe en Dios, era el principal pilar dónde se sustentaban. Sin Dios y sin fe, las Hermandades y Cofradías no tienen sentido, ni perdurarán.
         
Deben cumplir el compromiso de la caridad y de la solidaridad. La labor callada, que durante todo el año, se debe realizar dentro de las Hermandades, en favor de los más necesitados, es, la mejor y mayor de las ofrendas, que podemos depositar a los pies, de nuestros Sagrados Titulares.

Los cofrades, como muchos de vosotros, sois aquellas personas que trabajan, luchan y se responsabilizan, de que cada año, sea posible la celebración de la Semana Santa.
 
Quiero dar un homenaje, desde aquí, a las hermanas cofrades. Ellas son, quienes mantienen viva, la Hermandad, a lo largo del año.

Su sentido de responsabilidad les crea, entre otras, estas inquietudes:
 Que si las capillas o las casas hermandades, no están limpias. Que la Virgen, hay que cambiarla y vestirla de otro color.
 Que hay que preparar los cultos.
 Que si las flores.
Que si los candelabros.
Y, no sé qué sin fín de actividades, que sólo, la mente incansable de la mujer cofrade, es capaz de imaginar a lo largo de todo el año.
   
Su entrega es incondicional. Más aún, cuando se viste con la tradicional mantilla española, acompañando a la Virgen, en el sendero de la Pasión.
   
Qué sacrificio realizan, cuánto amor, cuánta fe hay que tenerle a María para arroparla en una mañana o noche fría, sobre tacones, sin apenas abrigo. Además, durante horas, saben mantener la compostura y el orden.
    
Ellas comparten el dolor con La Virgen, cuando Jesús carga su cruz camino del Calvario. La animan con la fe, con la esperanza de la Resurrección, cuando ve a su Hijo, clavado en una cruz y viven en lo más profundo de sus corazones, la soledad de una madre que acompaña a su hijo muerto.
   
            ¡Así, veo yo, a las hermanas cofrades!

Y cómo olvidar a los penitentes.           

Una tradición centenaria, que aún se mantiene viva. En nuestras procesiones, los penitentes forman esas filas( que deben ser silenciosas) de hermanos o hermanas, vestidos de túnicas en señal de penitencia y que con un cirio, una cruz o una bandera, acompañan a sus imágenes.

Unos lo hacen, en petición de ayuda. Otros dan gracias, por los favores recibidos y muchos, porque son hermanos de cofradías, por tradición heredadas de sus mayores. Pero todos, movidos por la fe.
   
En ocasiones, hermanos penitentes, habéis estado trabajando, todo el año, para la hermandad y después hacéis el sacrificio, añadido, de no ver vuestra procesión; porque formáis parte de ella.

Pero, a cambio, debajo de vuestro antifaz, podéis expresar vuestros sentimientos, con sonrisas o lágrimas,  sin tener que disimularlas.

Pasáis horas de retiro de silencio, pero hablando con el corazón, con Dios y su Santa Madre. Tenéis el privilegio de ser, testigos mudos, de lo que ocurre a vuestro alrededor.
         ¡Cuántas lágrimas escondidas, habéis visto correr, en las aceras o en las puertas!
         ¡Cuántas anécdotas y cuántos recuerdos, se guardan, tras un antifaz!

Una procesión de Semana Santa sin penitentes, dejaría  de ser una estación de penitencia. Perdería su esencia. Quedaría vacía de contenido.   
                  ¡¡No faltéis nunca, hermanos penitentes!

    
Si la Semana Santa es una manifestación pública de fe, tú costalero, eres su máxima representación.

Arriba en el trono, llevas una imagen de Jesucristo o de su Bendita Madre. Abajo vas tú, a cara descubierta, orgulloso, derrochando fuerza con suavidad.
     
La cabeza, apretada al varal y, la mano, tendida sobre el hombro del hermano. Bendito gesto. Y sobre todo movido por un inmenso amor a tu Señor o a tu Virgen.
                               
 (Pausa)

Se nos termina el lenguaje oral para describir o expresar todo lo que envuelve a nuestra Semana de Pasión, pero, no queremos enmudecer nuestra alma y para llenar ese silencio, las marchas cofrades, unen el cielo con la tierra. Sentimientos, “todos ellos” en una expresión musical. Como muy bien lo transmite la “Agrupación Resurrección” de nuestro pueblo y la Banda Municipal de Campillos ·Amantes de la Música”, hoy aquí presente y solidaria en este acto.
 Nos sentimos orgullosos de vosotros.. Vuestra música es oración.
                         
Marcha ..” Pasan los campanilleros”
  
Ya siendo madre, el gusanillo de vivir nuestra Semana Santa, se instalaba en mi hogar. Mis hijos, querían participar en el recorrido de sus procesiones....
    
Comenzábamos con los preparativos de los “Santos Chicos”. Felices y contentos porteaban los tronos del Señor del Amor y María Santísima de la Sierra.
       
Quiero darles las gracias, y espero que ellos me escuchen desde el cielo, a D. Francisco Notario y Sra. porque fueron los fundadores de esta joven hermandad.
  
¡Cómo disfrutaban mis hijos en aquel domingo anterior al Domingo de Ramos!   
 - ¡Mamá, este año cantan saetas los niños, Montse, Noelia, Carmen….! Sí, sí, El Niño Mariano y D. Francisco Notario han creado una escuela de saetas.

¡Cómo no iban a ser dos maestros los que pensaran en los niños!
GRACIAS, Antonio Solís “Niño Mariano” por tu labor y buenos resultados en la Escuela de Saetas. Hoy, la saeta serrana y sus saeteros tienen continuidad por ti.
                                       
 ( Pausa)  

-¡Mamá! me decían con aires de importancia -¿has sacado mi túnica de la Pollinica? ¡Con mi palma, eh!-

Y de esta manera, comenzábamos en casa, la Semana de Pasión. Felices se sentían ellos. Yo afanada. Les tenía todo  preparado, para que como niños, se implicaran y crecieran en sentimientos de fe cristiana y de hermanos cofrades.

Las familias somos un pilar, muy importante, para transmitir la fe en Dios Salvador y sostener y vivir la Semana Santa.

¿Sabéis cuál era la Hermandad que menos problemas me causaba, en preparación de túnicas y demás enseres? la de nuestra cofradía. De ello se ocupaba, mi querida hermana Pilar.

¡Qué líos nos montaba de túnicas, capas y demás!¡Nos agotaba!.

Pero, la comprendíamos, porque su inquietud e intención era buenísima ¡que ésta hermandad se engrandeciera!

Hubo unos años, que las filas de nazarenos, en nuestra procesión, parecían filas de colegiales  con túnicas negras y juguetonas capas blancas. Cirios que iban y venían, derramando ceras por doquier.

Pequeños ángeles del cielo. Pero, ésta sería la cantera de hermanos enterristas. Muchos de aquellos niños, hoy, son cofrades, penitentes o portadores de trono, ilusionados en acompañar a María nuestra Madre, en un camino de sufrimiento y soledad.

 (Pausa)

Hemos comenzado la Cuaresma, periodo de oración y tiempo de pedir perdón, a Dios Misericordioso y a nuestro prójimo.

Vosotros, hermanos de las diferentes Hermandades, vais viviendo con fe y entrega, los preparativos para nuestra Semana de Pasión y, para cada uno de sus actos religiosos: Quinarios, Triduos o Setenarios, Vigilias u Oficios, todos, son actos de oración, ante la muerte inminente de Jesucristo, nuestro Salvador.

En ellos, debemos encontrarnos con Él. Pedirle que nos ayude a ser mejores personas, dándonos un corazón generoso para perdonar a los que nos hacen daño. Que sepamos verlo en cada padre de familia sin trabajo o desahuciado de su hogar. En el enfermo. En esas familias desunidas. En ese joven, destrozado, por las miserias de esta sociedad. En los ancianos abandonados, no escuchados u olvidados. Sí, en ellos debemos ver el rostro de, ése nuestro Jesús Nazareno. De ése nuestro Jesús Crucificado y de ése nuestro Cristo Enterrado. Símbolos todos, de Entrega y Amor al prójimo.


Viernes Santo, cae la noche.

Marcha “ Cuenta lo que fuimos”

Cirios y tulipas. Penitentes. Hermanas con mantillas.
Hombres de trono. Bullicio de la gente impaciente, esperando su salida. Banda de música y mucho sentimiento en el ambiente..¡Todo está preparado ! María Stma de la Soledad, sale, acompañando a su Hijo yacente. Ellos, nos esperan y aguardan, para que les acompañe este pueblo serrano como dolientes.

Silencio. Respeto. Saetas salen de la garganta, de un creyente. Una oración, sube al cielo. Pies descalzos. Sufrimientos en el corazón. Agradecimientos. Olor a incienso y llantos de tambor penetran, durante toda la estación, por las ventanas y puertas serranas.

La voz del capataz y un golpe seco de campana, rompen el silencio de ésta recogida y, a veces, fría noche. Nuestros sagrados titulares miran a Navahermosa. La bendicen. Bendicen también, a ese enfermo cofrade que no puede acompañarles. Y a ese cofrade ausente.

El espíritu religioso de nuestro pueblo toma conciencia de la muerte de Jesús.

De un Jesús, hecho hombre, como tú. De un Jesús que pudiéndolo “todo como Dios” acepta su muerte. Una muerte de Cruz Redentora por Amor. Y junto a Él, su madre, María Santísima de la Soledad.


   Virgen de la Soledad
bendita Madre del cielo
tu compromiso de Amor
te hizo ser Madre de Dios.
                 “Soy la esclava del Señor
Hágase en mí, según tu Palabra”
Y en ese mismo momento,
el Verbo se encarnó en ti,
mujer sencilla y entregada.

Sola rezabas, aquél día,
cuando te visitó, el ángel.
Sola, estabas en el nacimiento,
y sola, también te quedaste,
cuando tu Hijo Jesús,
se perdió en aquel templo.

¡Qué misión más fuerte tienes, María!
como Madre, dar ejemplo.
Debes amar y entregar tu corazón,
aunque conlleve sufrimientos.

En las Bodas de Caná,
te preocupas por los demás,
                 pides, a tu Hijo, que ayude,
y convierta el agua clara,
 en un excelente vino.

María, poco sabemos de Ti,
durante los años,
 que Jesús, tu Hijo,
en Jerusalén predicaba,
 cumpliendo la Voluntad,
de Dios Padre.
Pero Tú, como Madre,
estabas, junto a Él, sin estar.
Le hablabas, en el silencio, sin hablar.
Y le acompañabas,
Junto a Marta, María y Juan.

Tu corazón entregado,
 mudo se quedaba,
al conocer que, a Jesús,
 unos soldados le apresaban.
Preguntarías por Él, seguro.
Andarías angustiada,
nadie responderte quería.
sabían que la verdad,
tu corazón de madre, rompería.

Me imagino tu dolor,
 ante los acontecimientos:
ahora, está con Pilatos,
después, lo mandan para azotar,
una corona de espinas, le colocan,
junto a una capa real.
¡Crucificadlo, crucificadlo!
Oyes la voz de un pueblo,
enardecido, débil y manipulado.
Entre la muchedumbre,
estás Tú, Virgen Madre,
desconsolada, impotente,
con el corazón destrozado.

Le ves llevar una cruz,
Cansado, ensangrentado,
Escupido y coronado.
Te acercas acompañada,
 y con lágrimas en tus ojos,
 sacas un paño,
para limpiarle la cara.
Deseas ayudarle, pero no puedes.
Aceptas.
Es la Voluntad de Dios Padre,
para que puedas salvar,
a los que somos cobardes.

Con fe miras al cielo,
Clamas, fortaleza y templanza,
Te hacen falta, María,
para poder asumir las vivencias,
que Dios te exigía.

Crucificado, entre dos ladrones,
apenas le quedan fuerzas,
cuando el perdón y el amor,
salen de su corazón.
“Perdónalos Padre, porque no saben lo que hacen”
“Madre ahí tienes a tu Hijo”
“Hijo, ahí tienes a tu Madre”

Después de oír estos mensajes.
sola estás junto a Juan
 y ves morir a tu Hijo.
 Te agobia la soledad.
“Recuerda  María, recuerda,
ten fe y no decaigas.”
La esperanza en la Resurrección,
se acomoda, dentro de tu alma.
“Cristo Resucitará, y con Él,
 te lleva al cielo “
            
 (Pausa)  

Te damos gracias María, por ser nuestro ejemplo y guía.

“ Me enseñaste, como Madre, a soportar los dolores. 
A encontrar, fe y esperanza, ante difíciles situaciones.
Y desde la soledad, a orar y unirme a Jesús, para buscar soluciones.

“Dios te salve María, Dios te salve Reina y Madre”
                     
Marcha.. “ Mi Amargura”

Hermandades y cofrades. Pueblo de Sierra de Yeguas. Vivamos junto a Jesús la Semana de Pasión, como la vivió María nuestra Madre.

   
Muchas gracias y buenas noches… 
                   

    

lunes, 1 de febrero de 2016

Pregón Semana Santa Sierra de Yeguas 2.006


Pregón de la Semana Santa de Sierra de Yeguas 2006 

Este Pregón fue pronunciado por Doña María José García Notario, y organizado por la Hermandad del Stmo Cristo de la VeraCruz y Maria Stma de la Esperanza, el 4 de Marzo de 2.006, en la parroquia de la localidad. 

 A LA SEMANA SANTA DE SIERRA DE YEGUAS 


Entrada: 

La luna cada noche se asoma para posarse en tu torre e irse con el alba. Y por la primavera, la luna se pone sus mejores galas para contemplar desde las alturas tu Semana Santa. El Sol, en la cara de una Virgen descansa cual perfecto aletear de mariposa y el día, esplendoroso brota, entre claveles rojos y olor a rosas. Vera-Cruz, Esperanza, Dolores y Bondad. Nazareno, Humildad, Santo Entierro y Soledad Cuando la vida nos separe algún día, yo seré Sol, yo seré Flor, yo seré Luna. Pero no dejaré de sentirte y de estar a tu vera. Me convertiré en aire y me notarás muy cerca, En cada Semana Santa, en cada primavera. 


Salutación y dedicatoria: 

Señor Párroco, Autoridades, Hermanos mayores y directivos, Familia, amigos y cofrades serranos: 

No puedo más que agradecer la oportunidad que se me brinda de ser la pregonera de este mi pueblo, de esta mi Semana Santa. Para mí, es un honor y una gran responsabilidad ser la primera mujer en subirse a este atril el año en que nuestra titular, la Virgen de la Esperanza, cumple su cincuenta aniversario. 

Gracias a todas aquellas personas de mi Hermandad que me han regalado su confianza para que os entregue estas palabras nacidas del corazón y del recuerdo. 

Mi gratitud va también para el anterior pregonero por sus frases de cariño y respeto; compartir, ayudar, enseñar,... son verbos que te definen como cofrade y como hombre. Es una suerte haberte tenido de antecesor y aprender de tus experiencias. 

Sentimientos: 

CANCIÓN (tarareo) 
Viene a lo lejos, 
Llena de luz, 
Blanca de azahar, 
Y es un reflejo 
De sol en la Madrugá 

Era una tarde en la que los rayos de sol nos hacían olvidar el invierno y se veían las golondrinas revolotear entre los barrotes de las ventanas. Hacían sus nidos; el ciclo de la vida continuaba su curso. 

Un abuelo llevaba de la mano a su nieta. Con coletas, vestido rojo, zapatos negros y siete años de edad, la niña se sentía feliz porque, de hecho, era feliz. 

- Abuelo, cuando lleguemos ¿podré ponerle oro al trono? 
- Bueno, ya veremos. Eres "mu" chicuela todavía -le respondió el abuelo-. 

Sintiendo el calor de su mano mientras subían la calle Campillos, la niña sabía que al final la dejaría. Estaba deseando de llegar, paso ligero. 

Y mientras tanto, el abuelo encantado de ser maestro de la experiencia, contaba a su única nieta historias. "¿Tú sabías que donde vamos ahora, era antes una escuela? Sí, por encima del cuartel de la Guardia Civil además de haber cocheras y aulas ruinosas, antes era donde los niños aprendían a leer y escribir". 

- Ah ¿sí?, ¿era esa tu escuela? ¿por qué la quitaron?,... Con preguntas y respuestas continuaban su marcha. Por el camino saludaron a varias mujeres que estaban encalando y a otras que, según dijeron, "iban al horno del Grillo" a cocer magdalenas. 

Por fin llegaron. ¡Qué nervios! La llave entró en la cerradura y se abrió el portalón. Ante los ojos castaños de la niña apareció una imagen decepcionante. Una estructura de madera cubierta de tela en su totalidad. 

Pero como cuando se le quita el envoltorio a un regalo, de repente surgió ese trono dorado que ella venía buscando. ¡Qué bonito! ¡Qué grande! "Pero, ¿Cómo voy a llegar para dorar el trono si está muy alto?" – pensaba la niña.

Entonces empezaron a asomarse los olores. A madera, a tintes, a disolvente, a barniz,... ¡qué bien olía! 

Sí, la niña llegó al trono porque su abuelo la sujetó con sus brazos. Sí, la niña puso una lámina de oro y sintió que su abuelo era el hombre más alto, más bueno y más fuerte de la tierra. 

Y sí, esa niña soy yo y ese abuelo, es el mío, Antonio Notario. Él me enseñó a amar la Semana Santa y a mi Hermandad. Jamás me dijo que lo hiciera. 

Y todavía puedo sentir las manos que me guiaban por el camino y los olores que salieron de aquellas latas de carpintero. Abuelo, van por ti estas palabras que sé que me estás escuchando. 

Todos los que aquí os hayáis, seguro que habéis tenido un abuelo o un padre que os han hecho vivir desde pequeños esta pasión por la Semana Santa. Indudable que desde el Cielo vuelven para llevar a hombros a su Cristo o a su Virgen. Indudable que las madres y las abuelas regresan para ser las flores que adornan las imágenes. Siempre están. En lo que sentimos y en lo que somos. 

Para mí no ha habido riqueza más grande que nacer en la familia que me ha tocado. 
Luchadora, honrada y apasionada de la Semana Santa. Toda mi vida llevo viendo a mi padre trabajar por su Hermandad que, por cierto, no es la mía. Él me ha enseñado a comprender una frase verdadera que vengo a citar aquí: "Hay hombres que luchan un día y son buenos. Los hay que luchan un año y son mejores. Los hay que luchan durante años y son aún mejores. Pero los que luchan toda la vida son los realmente imprescindibles". 

Pese a Hermandades concretas, lo ciertamente importante es el trasfondo de la palabra "Hermandad: alianza entre hermanos". Todos somos hermanos y no hay sentimiento cristiano si no existe justicia en el mundo. No podemos mirar para otro lado cuando en este instante se están muriendo niños de hambre en brazos de sus madres desesperadas. Con cañones cargados no se puede lograr contestar a la miseria. Y no podemos echar el candado a la memoria y repudiar al inmigrante. 

Túnicas, cirios, tambores, incienso, varales, flores, coronas,... Todo eso es la Semana Santa pero hay algo más. En esta sociedad que nos impone consumismo, competencia y en la que la inmediatez está por encima de los valores humanos, debemos reflexionar para poder cambiar las cosas, para mejorar nuestro mundo tal y como Jesucristo nos enseñó. Muchas gotas de agua llenan un vaso. 

A veces, pienso cómo se debe sentir un emigrante al volver a su tierra en Semana Santa. Con el corazón dividido, la familia fraccionada a causa de la distancia y un acongojo en el alma por ser de muchos sitios y no ser de ninguno. La maleta llena de recuerdos de cuando niño salía de nazareno con su hermandad y de cuando escuchaba una saeta en la Procesión de los Hombres. 

Y también pienso en aquellos que no pueden volver en Semana Santa. En los nudos que se les debe hacer en la garganta el Jueves o el Viernes Santo, en la soledad que sienten cuando explican sus sentimientos pero en otra tierra no los entienden y cuando se tiene un dolor en el alma porque la distancia es el olvido solamente, si uno quiere que así sea. 
Llegados a este punto sólo pido una cosa. No tener nunca que emigrar y sentirme cerca de esta tierra que cada Semana Santa mece a sus imágenes a compás de rezo serrano. 

CANCIÓN 
 Escalofrío 
 Me da al oír 
 Este cantar, 
 Entre tambores 
 Y voces del capataz. 

Hace unos días, me preguntaron cómo describiría la Semana Santa de Sierra de Yeguas a alguien que la ve por vez primera. Pienso que es imposible explicar con palabras lo que se lleva acumulando toda una vida. Sin embargo, creo tener una clave: Hay que estar abierto y mirar con ojos expectantes los detalles que se les escapan a las cámaras de fotos. 
Los sentidos se agudizan cuando llega la Semana Santa. Los corazones se abren ante sensaciones que nos muestran un paisaje de luz, color, sonido y sentimientos de pasión y fe. Hasta el viento vuela diferente esos días. 

Los ojos de los niños cargados de ilusión el Domingo de Ramos dicen mucho. Los nervios por vestirse de nazareno y acompañar en la fila a Jesús de la Bondad mientras se agitan las palmas, es toda una señal de que el camino se ha iniciado. A los hombros lo llevan jóvenes que inauguran la Semana Santa bajo la bendición que les hace Jesús en su entrada a Jerusalén. Ya ha empezado nuestra Semana Grande. 

La plaza se llena de chavales que están pendientes a los movimientos de su Hermandad. Cuando llevan el trono a la Iglesia, cuando visten a la virgen, cuando se monta la imagen en el trono,...Y mientras, hay también hueco para los mayores. 

Las noches del Martes y del Miércoles Santo se convierten en testigos de orden, fe, silencio y tradición. Son las procesiones de las Mujeres y de los Hombres respectivamente. El silencio sólo es cortado por la voz rota de una saeta y por el recuerdo a Cristo en su pasión y muerte. El alma se recoge. 

El Jueves Santo por la mañana se ultiman túnicas. De las casas salen olores a bacalao y las mujeres se afanan por no dejar ningún detalle sin pulir. Y mientras, en la iglesia no para de entrar y salir gente. Hay un olor a flor recién cortada que invade el recinto. Todos los tronos están preparados. El pueblo entero espera impaciente a emocionarse, a hacer sus súplicas. 

Manos temblorosas encienden las velas que iluminarán su rostro. El color de la paz, el blanco, busca su hueco en el atardecer. Los pasos de los hombres que portan a Jesús de la Humildad ya se escuchan. La respiración se corta y ÉL es el centro de todas las miradas. Rompe una saeta, rompen los aplausos y rompe el Jueves Santo. Veo la salida desde dentro de la Iglesia. La imagen del señor sentado con las costillas marcadas y lleno de sangre se hace majestuosa desde atrás. Empieza a andar y se marcha. 

Y se hace el silencio. Y se hace la oscuridad. La cruz casi roza con el pórtico de la entrada. Asoma el trono. Una única trompeta acompaña la noche. El Cristo de la Vera Cruz y la Virgen de la Esperanza miran al pueblo. En la pared de la iglesia se ven sus siluetas como si los llevaran en volandas, como si andaran solos. Las manos por clavos atravesadas y la señal de la lanzada en el costado, nos hace recordar el dolor de una madre que al lado de su hijo marcha. 

CANCIÓN En el lado de su hijo muerto, nardo y "yerbagüena", la Virgen está, Esperanza que ríe su pena, morena, niña de Gracia llena y Reina de la Madrugá. ¡Guapa, guapa! Se oye gritar. Serrana que ríe su pena, azucena, niña de Gracia llena y Reina de la Madrugá. 

Al alba unos nudillos llaman en la puerta de la Iglesia. Se abre el templo y empieza una de las tradiciones más antiguas de nuestra Semana Santa: el Pregón de Jesús. Es el preludio de la salida del Nazareno. Hasta los pájaros dejan de cantar cuando aparece con la cruz a cuestas y con olor a claveles rojos. Lágrimas asoman y se hacen nudos en la garganta por volver a verlo otro año más. Plegarias en las mentes y en los corazones de la mañana de Jesús. 

Y detrás su Madre. La Virgen de los Dolores asoma arropada por un manto de estrellas y sonidos de bambalinas pero no hay estrella que brille más que ella misma. Con puñales clavados en el corazón por su dolor, parece mirar y escuchar los rezos que le hacen sus hijos. Fe en estado puro. 

La mañana del Viernes Santo estalla en emociones con el Encuentro de Jesús Nazareno y su madre. A pulso, y entre palmas y lágrimas, se rozan los tronos y los nervios se arremolinan en el estómago. Poco a poco, los abrazos dan paso al sosiego de pensamientos. Este año ha sido mejor que ninguno. 

Por la tarde, el sol va cayendo para teñir de negro las esquinas. Jesús ha muerto. A esa madre, sólo le quedan tres cosas, el desconsuelo, una Cruz y unas espinas sin rosa. El pueblo entero consuela a la Virgen de la Soledad que camina detrás de su hijo yacente, el Santo Entierro. Es arropada por la fe que le profesan los serranos en la oscuridad, en la pena que sienten hasta las campanas cuando redoblan. 

CANCIÓN 
Pasa la Gracia, 
Pasa la luz, 
Pasa la Flor,  
Pasa esa Virgen,
Pasa la Madre de Dios. 

Y entran en el templo y la noche se queda sola. Adiós, espero volver a verte. 

Todo ha pasado como un suspiro. Sólo falta festejar la Resurrección de Cristo. Cada uno con su Hermandad y rodeados de los suyos, se comenta la Semana Santa, se saludan a los amigos y empieza de nuevo la cuenta atrás. Se termina un ciclo y empieza otro. El que llega de fuera se tiene que marchar. 

Abrazos sinceros de despedida. Que nos podamos ver muchos años más. Que podamos enseñar a nuestros hijos y nietos las vivencias de la Semana Santa como nosotros las hemos aprendido. 

Pero este año aún no ha llegado la Semana Santa; falta la mayor parte de la Cuaresma y queda mucho por hacer. El trabajo en las Hermandades se acelera y empiezan de nuevo a aflorar esos sentimientos que seguro, conocemos muchos de los aquí presentes hoy. Nuestra Semana Santa es antigua, tradicional y única. 

¡HAGÁMOSLA BRILLAR ENTRE TODOS COMO ELLA SE MERECE!  



Muchas Gracias y Buenas Noches.