sábado, 22 de diciembre de 2018

Felicitación Navideña 2.018



Por estas fechas del Adviento recibimos felicitaciones de Navidad de nuestros familiares y amigos, de comunidades e instituciones diversas, civiles y eclesiásticas. Es una costumbre muy hermosa, que colabora al ambiente festivo navideño, une a las familias y a veces a personas que apenas se relacionan durante el año. Pero sobre todo es costumbre muy buena porque da una ocasión preciosa para confesar la fe en Jesucristo, nuestro único Salvador.

“Un solo nombre, el de Jesús, nos ha sido dado bajo los cielos en el que podemos ser salvados”.

Llegan a veces felicitaciones de origen ignoto: no traen remite en el sobre y vienen firmadas, por ejemplo, por Teresa; lo que viene a significar: ¿Qué Teresa pueda haber para usted, sino yo?… (Quizá confíe la firmante en que la reconozcamos por la letra o, quién sabe, por la voz). También recibimos felicitaciones de empresas, bancos y asociaciones que, sin tener conocimiento personal del destinatario, nos declaran su afecto, a veces nominalmente –«Estimado Don o Doña..»: conmovedor–, al paso que nos ofrecen sus servicios o simplemente nos publicitan (el DRAE admite el término) su existencia.

“El Señor Dios le dará el trono de David, reinará en la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.

Llegan tarjetas en formas y estilos diversos, dípticos, simples postales, trípticos, estampas alargadas, y de vez en cuando tarjetones enormes, quizá con dorados y letras en relieve, que bien podemos calificar de desmesurados. A veces las felicitaciones de Navidad –abandonen toda esperanza de que use la palabra christmas– nos traen obras de grandes pintores antiguos o modernos sobre temas religiosos, fotografías de retablos o de belenes. No faltan los dibujos infantiloides, hoy de moda –no conocidos jamás, felizmente, en la historia del arte cristiano– en los que Jesús, María y José aparecen caricaturizados con apariencia de monigotes o payasos, muy simpáticos en la intención del autor.

Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor, y todos los pueblos caminarán a su luz.

Llegan también, aunque pocos, desmesurados tarjetones carísimos, muy grandes, mitad o dos tercios de A4, impresos en calidad óptima. No costarán menos de tres o cinco euros, con su sobre de medida propia y su franqueo postal especial. Proceden a veces de ciertos eminentes Eclesiásticos y de grandes Instituciones católicas, que al parecer estiman estos supertarjetones como una expresión adecuada de su altísima dignidad e importancia. Es cierto que ha de ser la virtud de la prudencia la que en cada cuestión, considerando posibilidades y circunstancias, decida el medio que debe elegirse para el fin pretendido: en este caso, felicitar las Navidades. Pero no olvidemos que la prudencia cristiana debe integrar, por supuesto, en sus discernimientos el espíritu de la pobreza evangélica.

Hoy os ha nacido un Salvador, que es el Cristo Señor, en la ciudad de David. Y ésta os será la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre: en un pesebre de animales.

Pue lo dicho, llegan tarjetas y tarjetas, felicitaciones y felicitaciones, y como viene siendo habitual nuestra hermandad y su Junta Directiva no quiere dejar pasar la ocasión para desearle a sus hermanos los mejores deseos, las mejores bienaventuranzas… para ello os adjuntamos la tarjeta de felicitación que nuestra hermandad a preparado y para mantener ese espíritu de pobreza y a la vez de congratulación con los demás aprovecharemos las ventajas de la redes sociales para hacerlas llegar a cada uno de vosotros.




Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo 2.019.

A medida que busquemos a Cristo, lo encontraremos, sigámosle, y tendremos el espíritu de la Navidad, no un sólo día fugaz al año, sino como un compañero para siempre. (Thomas S. Monson)

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